Si quieres entender por qué el cine puede ser peligroso para el poder, esta película es el lugar correcto para empezar.
El cine tiene una larga historia incomodando al público y sacudiendo sus conciencias. En distintas partes del mundo, películas como El exorcista, La masacre de Texas y Holocausto caníbal provocaron histeria colectiva, censura y debates interminables. No por mostrar monstruos y sangre, sino por lo que despertaban en quienes las veían.
México no fue la excepción. A lo largo de su historia, el cine nacional también ha tocado fibras demasiado sensibles para su época. Títulos como Los olvidados, El castillo de la pureza o El crimen del padre Amaro llegaron a salas rodeados de polémica, acusados de exhibir realidades que muchos preferían no mirar de frente. Pero ninguna generó un choque tan directo con el poder como la película que decidió mirar de frente uno de los episodios más oscuros del país.
La película que el gobierno intentó controlar
En 1989 llegó a los cines Rojo amanecer, dirigida por Jorge Fons. Desde antes de su estreno, la cinta causó un profundo malestar. No solo entre el público, sino también en las esferas del gobieerno. La razón era clara: la película recreaba sin adornos la masacre de Tlatelolco de 1968.
Protagonizada por Héctor Bonilla y María Rojo, la historia se desarrolla casi por completo dentro de un departamento, donde una familia observa cómo la violencia irrumpe poco a poco hasta volverse inevitable. Sin grandes discursos ni escenas épicas, solo hay miedo, encierro y silencio.
La reacción no se hizo esperar. El gobierno de la época intervino en la distribución, permitiendo que la película llegara a salas, pero en una versión alterada. Se difundió una copia con un desenlace distinto al concebido originalmente, suavizando el impacto y tratando de diluir el mensaje. Era una forma de control, limitando su fuerza.
El cine como memoria incómoda
Rojo amanecer no buscaba provocar por provocar. Su valor se encontraba en algo más profundo: convertir la memoria en imagen. En un país donde durante años se evitó hablar abiertamente del 68, la película se atrevió a mostrar lo que muchos vivieron y pocos podían contar.
Por eso incomodó tanto. Porque no exageraba y mostraba una violencia real, reconocible y reciente. Y porque lo hacía desde el espacio más íntimo posible para las personas: el hogar.
Por qué sigue siendo imprescindible
Décadas después, Rojo amanecer sigue siendo una película necesaria. No solo para entender el cine mexicano, sino para comprender uno de los momentos más crueles y silenciados de la historia del país. Verla hoy es un acto de conciencia.
El intento de censura no logró borrarla. Al contrario: la convirtió en símbolo. En prueba de que el cine, cuando se atreve a decir la verdad, puede sobrevivir incluso a quienes intentan callarlo. Hoy mismo puedes verla por Claro Video.