A veces, las red flags son silencios, decisiones raras, miradas incómodas y promociones frías. Como todo lo que ocurrió en 'Romper el círculo'
Todo pintaba para que Romper el círculo fuera uno de esos dramas románticos que conectan con el público desde el primer tráiler. Un bestseller detrás, Blake Lively como protagonista actriz un actor-director de buena fama y un mensaje potente. Pero mientras afuera se hablaba de expectativas y emoción, dentro del set la historia era bastante menos idílica.
Con el estreno acercándose, empezaron a surgir rumores. Comentarios sueltos, silencios incómodos, entrevistas extrañas. Todo se sentía raro hasta que las piezas comenzaron a encajar y quedó claro que el rodaje no había sido precisamente un camino de rosas. Hoy, con el panorama más completo, muchas de esas señales que pasaron desapercibidas empiezan a verse como auténticas red flags.
Cuando algo no se siente bien desde el inicio
La producción de Romper el círculo estuvo lejos de ser tranquila. Desde las primeras semanas, el ambiente se volvió extraño. No hablamos de simples desacuerdos creativos, sino de una tensión constante que fue escalando con el paso de los días.
La relación profesional entre Blake Lively y Justin Baldoni, quien además de coprotagonizar también dirigía la película, empezó a mostrar grietas evidentes. El set se volvió un lugar incómodo, con decisiones cuestionables, silencios largos y un equipo dividido.
Límites borrosos y decisiones cuestionadas
Uno de los aspectos más delicados tuvo que ver con la dinámica de poder. Baldoni no solo actuaba junto a Lively, también estaba al mando creativo. Esa doble función complicó aún más las cosas cuando surgieron desacuerdos.
Según versiones posteriores, hubo escenas modificadas sobre la marcha, especialmente en momentos románticos, sin el consenso total del elenco. Además, se mencionaron situaciones privadas que cruzaron líneas básicas de respeto en el entorno laboral.
Diferencias creativas que se volvieron personales
Más allá de lo ocurrido en el set, también existían choques sobre el enfoque de la película. La historia, basada en la novela de Colleen Hoover, tiene un tono delicado y temas sensibles. No todos estaban de acuerdo en cómo llevar eso a la pantalla.
Se comentaba que Lively tenía una visión distinta del personaje y del mensaje final, apoyada por su entorno cercano. Eso no cayó bien a todos y generó roces constantes. Incluso se llegó a rumorar que escenas fueron reescritas fuera del proceso habitual, algo que encendió todavía más los ánimos. El resultado fue una producción partida en bandos.
La promoción dijo más de lo que parecía
Cuando llegó el momento de vender la película al público, las señales fueron imposibles de ignorar. Entrevistas separadas, ausencia casi total de fotos conjuntas y una frialdad evidente cada vez que se mencionaba al otro.
La química que se espera de dos protagonistas brillaba por su ausencia. Para muchos fans, eso fue la primera alerta real. Y el contraste con otras campañas promocionales fue evidente. Aquí no había complicidad, ni bromas, ni discursos compartidos.
Acusaciones, defensas y bandos claros
Con el tiempo, la situación escaló fuera del set. Lively contó con el respaldo público de Colleen Hoover, quien no dudó en mostrarle su apoyo. Del otro lado, Baldoni negó tajantemente las acusaciones a través de su equipo legal, calificándolas de exageradas y falsas. Ambas posturas dejaron claro que el conflicto difícilmente se resolvería de forma discreta.
Hoy, Romper el círculo no solo se analiza por su historia en pantalla, sino por todo lo que ocurrió detrás. Las señales estuvieron ahí desde el principio, pero pasaron desapercibidas entre expectativas y entusiasmo.