Si buscas una serie que te atrape de verdad, que te haga guardar el celular y concentrarte como pocas lo logran hoy, esta es la indicada.
Estamos acostumbrados a ver series mientras hacemos mil cosas al mismo tiempo. Un ojo en la pantalla y otro en el celular, un mensaje por aquí y una pausa por allá. Netflix incluso parece diseñado para eso, con producciones como Emily in Paris, Sex Education y King The Land. Pero de vez en cuando aparece una serie que rompe esa dinámica por completo. Una que, si parpadeas o te distraes dos minutos, te deja atrás.
El misterio televisivo también ha cambiado. Ya no se trata solo de descubrir quién fue, sino de entender qué demonios está pasando. Capas de información, líneas temporales que se cruzan y personajes que no son lo que parecen, todo exige concentración y atención real. Y en el gigante del streaming hay una serie en particular que convirtió eso en su regla número uno.
Un rompecabezas que no espera a nadie
La serie es Dark, una producción alemana que se convirtió en uno de los mayores fenómenos de misterio de Netflix. Desde su primer episodio deja claro algo: aquí no hay explicaciones fáciles ni recordatorios constantes. La historia avanza, y tú decides si la sigues o te pierdes.
Todo comienza en el pequeño pueblo de Winden, un lugar aparentemente tranquilo donde nada parece cambiar demasiado. Hasta que niños empiezan a desaparecer. Y con ellos, se abren heridas antiguas que nunca cerraron del todo.
Familias, secretos y un pasado que no se queda quieto
A medida que avanza la historia, Dark se convierte en un entramado complejo de familias cuyas vidas están conectadas de formas inquietantes. Los Kahnwald, Nielsen, Doppler y Tiedemann llevan generaciones viviendo en Winden, repitiendo patrones, guardando secretos y arrastrando culpas que nadie termina de explicar.
Uno de los ejes es Jonas Kahnwald, un adolescente marcado por el suicidio de su padre y por una tristeza que no sabe cómo procesar. Al mismo tiempo, seguimos a Ulrich Nielsen, un policía obsesionado con la desaparición de su hermano ocurrida 33 años atrás, y a Charlotte Doppler, la jefa de policía que intenta mantener el orden mientras todo empieza a desmoronarse.
El momento en que todo se complica (mucho)
Lo que al inicio parece un thriller oscuro pronto se transforma en algo mucho más ambicioso. Los personajes descubren que bajo Winden existe un sistema de cuevas conectado con la planta nuclear local, administrada por la familia Tiedemann. Y dentro de esas cuevas hay algo imposible de ignorar: un portal que permite viajar en el tiempo.
Ahí es donde Dark deja de ser solo una serie de misterio y se convierte en un auténtico laberinto temporal. Las historias empiezan a cruzarse entre distintas épocas, separadas por ciclos de 33 años. Los personajes se encuentran consigo mismos, con versiones pasadas o futuras, y con verdades que preferirían no conocer.
A diferencia de otras series, Dark no usa el viaje en el tiempo como truco. Aquí es una herramienta narrativa pesada, incómoda y profundamente trágica. Cada intento de cambiar algo solo empeora las cosas y cada decisión parece estar ya escrita.
No es una serie sencilla ni ligera. Pero sí profundamente satisfactoria. Dark confía en la inteligencia del espectador y no subestima a nadie. Te obliga a pensar, a recordar y a cuestionar todo lo que crees haber entendido.