Shelley Duvall siempre fue diferente. No respondía al estereotipo clásico de diva de Hollywood, y quizá por eso, cuando decidió apartarse de los reflectores, su silencio se sintió tan enigmático para el público.
Durante los años 70 y 80, su rostro era imposible de ignorar. Ojos enormes, una expresividad frágil y una presencia que parecía hecha para el cine de autor. Shelley Duvall no era una estrella convencional, pero sí una de las más magnéticas de su generación.
Trabajó en películas que hoy son clásicos. Compartió pantalla con gigantes. Y, sin embargo, un día simplemente desapareció del radar de Hollywood. Sin escándalos ruidosos no despedidas oficiales. Y ese silencio alimentó todo tipo de teorías.
Mucho más que 'El Resplandor'
Aunque muchos la recuerdan sobre todo por El resplandor, dirigida por Stanley Kubrick, su carrera fue mucho más amplia. Participó en títulos icónicos como Annie Hall y Popeye, consolidándose como una actriz versátil dentro del cine estadounidense. Pero fue precisamente El resplandor la película que marcó su imagen para siempre.
El rodaje duró 56 semanas, en gran parte por el perfeccionismo obsesivo de Kubrick. De hecho, la cinta tiene el récord Guinness por la mayor cantidad de repeticiones en una escena con diálogo: 148 tomas. Imagínate llorar casi 150 veces para una misma escena.
El retiro silencioso
En 2002, Shelley Duvall decidió poner punto final a su carrera. Se alejó de los reflectores y se instaló en un pequeño pueblo de Texas, lejos del ruido mediático. Durante casi dos décadas vivió con perfil bajo. Sin alfombras rojas, sin entrevistas y sin redes sociales.
Y eso, en la era de internet, generó especulación constante. Rumores sobre su salud mental, teorías sobre su desaparición y análisis de cada aparición pública. Lo cierto es que eligió el anonimato.
El final de una vida reservada
Duvall falleció mientras dormía a los 75 años en su hogar en Blanco, Texas, según confirmó su pareja de muchos años, Dan Gilroy. Se informó que murió por complicaciones derivadas de la diabetes.
Su partida reactivó la conversación sobre su legado y sobre la manera en que Hollywood trata a sus figuras más singulares. Shelley Duvall fue una actriz distinta. Nunca encajó en el molde tradicional de estrella glamorosa. Y tal vez por eso su ausencia resultó tan desconcertante.
Pero no todo retiro es tragedia. A veces es decisión. Y aunque los mitos persistan, su trabajo en pantalla sigue intacto. Hoy, Wendy Torrance sosteniendo un bate de béisbol, temblorosa pero firme, sigue siendo una de las imágenes más potentes del cine de terror.