Quizá no sea solo otra película espacial. Quizá estemos ante esa rara combinación de ciencia, emoción y espectáculo que logra recordarnos por qué seguimos viendo al cielo y a la pantalla grande.
Hay actores que simplemente participan en películas exitosas. Y luego está Ryan Gosling, que parece convertir cada proyecto en un momento cultural. Pasó con Barbie, donde se robó la conversación mundial con un Ken inesperadamente profundo. O con La La Land, que nos hizo cantar, suspirar y llorar al mismo tiempo. Incluso antes, con Blue Valentine, ya había demostrado que podía romperte el corazón.
Gosling no elige papeles al azar. Hay algo en su radar que detecta historias con potencial de quedarse en la memoria colectiva. Y por eso, cuando se anunció que protagonizaría una nueva cinta de ciencia ficción ambientada en el espacio profundo, la expectativa fue altísima.
Un despertar en el espacio (y en el caos)
Se trata de Project Hail Mary. "Señoras y señores, les presento la primera obra maestra de 2026. No sé cómo demonios lo han conseguido, pero (...) nos han regalado una traslación perfecta de una obra que yo consideraba imposible de adaptar", aseguró el actor Josh Gad hace unos días en Instagram, tras asistir a una primera proyección del filme.
La premisa es tan sencilla como angustiante. Ryland Grace, un profesor de ciencias interpretado por Gosling, despierta solo en una nave espacial. Está a años luz de casa. No recuerda quién es, no sabe por qué está ahí y no tiene idea de qué demonios pasó.
Poco a poco, la memoria empieza a regresar, entre fragmentos, imágenes y una misión. Y entonces descubre la razón de su presencia en el espacio: debe resolver el misterio de una sustancia extraña que está provocando la extinción del Sol.
Lo que sigue no es solo una aventura espacial con efectos especiales espectaculares. Es un rompecabezas científico, una carrera contra el tiempo y, sobre todo, una historia profundamente humana en medio de la inmensidad cósmica.
Ciencia ficción con corazón
La ciencia ficción ha tenido años irregulares. Mucho espectáculo, poca emoción. Mucho ruido, poca sustancia. Pero lo que se comenta de Project Hail Mary es distinto. Quienes ya pudieron verla hablan de una adaptación que respeta el espíritu original y, al mismo tiempo, lo traduce al lenguaje cinematográfico actual.
El equipo creativo detrás del proyecto tampoco es menor. Phil Lord y Christopher Miller tienen experiencia en llevar historias aparentemente imposibles a la pantalla con ingenio y personalidad. Y si algo sugiere la reacción de Josh Gad, es que lograron algo que parecía inalcanzable.
¿La primera gran película del año?
Llamarla "la primera obra maestra de 2026" suena arriesgado. Estamos apenas comenzando el calendario de cines y ya hay una etiqueta enorme colgando sobre ella. Pero a veces el entusiasmo colectivo no nace de la nada.
Todavía falta que el público la vea. Falta el veredicto final de la taquilla, de la crítica, de las redes que no perdonan nada. Pero algo está claro: el ruido que ya generó no es casualidad.