En el corto plazo, la reacción fue clara: el mercado celebró la retirada. Pero en el largo plazo, la pregunta será si Netflix dejó pasar una oportunidad histórica.
El mundo corporativo del entretenimiento puede ser más dramático que cualquier episodio de Succession, Severance o hasta The Office. Y esta semana se volvió a demostrar. Mientras muchos pensaban que Netflix estaba a punto de quedarse con un pedazo gigantesco de Hollywood, la historia dio un giro inesperado y los inversionistas aplaudieron.
Porque en cuanto se supo que Netflix no subiría su oferta para adquirir activos de Warner Bros. Discovery, el mercado reaccionó de inmediato. Las acciones del gigante del streaming subieron casi 10 por ciento en operaciones posteriores al cierre, superando los 92 dólares, después de haber cerrado el jueves en 84.59. Un salto considerable.
La razón tiene nombre propio: Paramount Skydance. La compañía presentó una nueva oferta que el consejo de Warner calificó como "propuesta superior", lo que llevó a Netflix a decidir no igualarla. Y lejos de castigarla, Wall Street premió la decisión.
¿Qué estaba en juego?
En diciembre, Netflix sorprendió al mercado al imponerse inicialmente en la puja para adquirir el estudio y los negocios de streaming de Warner por 27.75 dólares por acción. Parecía una jugada audaz: sumar a su catálogo franquicias enormes y reforzar su músculo en contenido premium.
Pero esta semana Paramount elevó la apuesta. Primero ofrecía 30 dólares por acción. Luego subió a 31 y, además, buscaba quedarse con la totalidad de Warner Bros. Discovery, incluyendo su debilitado negocio de cable. Ahí fue cuando la ecuación cambió.
Warner no es cualquier estudio. Controla la biblioteca de DC Comics, los derechos cinematográficos y televisivos de Harry Potter, además de la marca HBO, que sigue siendo sinónimo de televisión de prestigio. Es un botín enorme pero también caro.
¿Por qué subieron las acciones entonces?
Porque muchos inversionistas no estaban convencidos de que esta compra fuera una buena idea para Netflix. Desde que se anunció el acuerdo inicial, las acciones habían caído con fuerza. El mercado veía riesgos: el alto costo de la operación, la complejidad regulatoria y, sobre todo, que implicaba que Netflix se metiera en terrenos que no son su especialidad.
En otras palabras, se temía que el gigante del streaming se distrajera de su negocio principal. En un comunicado conjunto, los co-CEOs Ted Sarandos y Greg Peters fueron claros: la transacción tenía sentido en ciertos términos, pero al precio necesario para igualar la nueva oferta, dejó de ser financieramente atractiva. Traducido al idioma de los mercados: no valía la pena pagar más.
Al retirarse, Netflix envió una señal poderosa: no va a sobrepagar por crecer. En una industria donde las fusiones multimillonarias suelen ser impulsivas y cargadas de ego corporativo, mantener la calma puede ser visto como una virtud. Los inversionistas interpretaron la decisión como una muestra de prudencia financiera y enfoque estratégico.