Los finales felices te arruinaron: psicólogos explican el síndrome que te provocaron las películas de los 80 y 90
Jessica Campos
-Redactora
Entre mis películas favoritas están 'Birdman', 'Begginers' y 'L'âge atomique'. El terror me da miedo, me gustan los cómics y mangas, y mis géneros favoritos son la fantasía y la animación. Estudié Comunicación e hice teatro, cine, T.V. y danza. Actualmente curso una carrera en Historia...

Si eres demasiado optimista para tu realidad pero tus expectativas nunca se cumplen, podrías culpar a las películas de los 80s y 90s con esta información que traemos para ti.

Las películas de las décadas de 1980 y 1990 triunfaron en el cine porque sus historias derivaban en finales felices, emocionantes y perfectos pero que, por desgracia, están bastante lejos de la realidad. Y es que con las superproducciones de Hollywood, lo maravilloso y hasta fantástico en sus tramas podía resolverse en géneros como dramas, comedias, clichés románticos y hasta ciencia ficción, colocando así a títulos como E.T. El extraterrestre, Un experto en diversiones, Forrest Gump, Hechizo de tiempo, La princesa prometida, The Shawshank Redemption, y En busca del destino (Mente indomable) entre muchos otros más, entre el gusto de la audiencia.

Sin embargo, para los psicólogos estas historias no tuvieron una buena recepción a nivel de salud mental, ya que aunque fueron grandiosos éxitos comerciales, provocaron un "sesgo de espera" que afecta los apegos y la forma en que podemos percibir la realidad.

Los psicólogos explican qué es el "sesgo de llegada" y cómo nos afectó en el cine

De acuerdo con el estudio La falacia de la llegada ignorada y mal entendida, publicado en Psychology Today por el doctor en psicología, Jason N. Linder, existe una distorsión cognitiva que suele generar sufrimiento y al mismo tiempo un deseo de ocultarlo involuntariamente, afectando a miles de personas que repiten patrones de conductas nocivos sin tan siquiera percatarse de ello.

Comúnmente también se le conoce como "sesgo de llegada" o "sesgo de espera", y suele estar relacionado a la idea de que la felicidad solo reside en las metas futuras, mientras que la atención cambia del foco de atención del presente, a una realidad en la que las cosas sean distintas y mejores, obligando a la persona a esforzarse más por llegar a ese futuro aparentemente deseado, pero que termina por sumirnos en un bucle de insatisfacción.

El primero en acuñar este término fue el psicólogo Tal Ben-Shahar, especialista en psicología positiva, y lo llamó "la falsedad de la llegada" explicando esa expectativa de que cumplir con una meta concreta traerá una satisfacción permanente, como suele sucede en los éxitos cinematográficos y televisivos de aquellas décadas, que centran y transforman toda la atención del protagonista hacia una meta específica como el amor, el poder, el éxito o el reconocimiento de entorno.

Sin embargo, en la vida real lo que suele ocurrir es que la sensación de logro se va volviendo insatisfactoria a medida que una persona minimiza sus metas, haciéndose también mucho menos intensa de lo esperada una vez que se alcanza o se cumple.

A nivel psicológico esto también se reconoce como mecanismo de adaptación hedónica, donde el cerebro se acostumbra tan fácil a la rapidez de los cambios -incluso si son positivos-, que deja de reconocerse en valores como el esfuerzo y la recompensa.

¿Y qué tiene que ver el "sesgo de llegada" con las películas de los 80s y 90s?

A lo largo de su trabajo, Tal Ben-Shahar ha analizado el cine estadounidense producido en Hollywood durante los 80s y 90s, destacando que las tramas en las que un personaje vive la verdadera felicidad hasta conseguir lo que desea (ya sea éxito, dinero, amor o cualquier cosa), son las que perjudican la relación de los espectadores con su propia realidad, al estar seguir en sus propias vidas la necesidad de repetir la clásica trama de un esfuerzo incansable que es recompensado con un maravilloso giro del destino.

Además, se pervierte el impulso de antifragilidad impidiendo que las personas desarrollen valores como la resignación y resiliencia, perjudicando también la relación con el esfuerzo y la disciplina.

Y si bien la solución no está en dejar de ver cine, la psicología sí propone que paralelo al amor por estas historias se lleve una vida con hábitos sanos, en los que la rutina, una buena autopercepción y un tiempo equilibrado entre el entretenimiento y las propias responsabilidades nos lleve a sentirnos satisfechos con los logros que obtenemos día a día, así como las metas hacia los que nos conducen.

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