¿Fan de 'El Señor de los Anillos'? Esta joya de fantasía fue destrozada por la crítica, pero es mejor de lo que dicen
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

La crítica la destrozó en su momento, pero no siempre la crítica tiene la última palabra. A veces una película necesita años para encontrar a su público.

Cuando se habla de fantasía épica en cine, El Señor de los Anillos aparece casi por decreto. No es para menos: la trilogía de Peter Jackson convirtió la Tierra Media en un estándar difícil de alcanzar, ganó un montón de premios Oscar y dejó imágenes que todavía son el estándar en la memoria colectiva. Batallas enormes, criaturas imposibles, mapas, lenguas inventadas, héroes cansados y la sensación de aventura que pocas sagas han logrado igualar.

Pero la fantasía no vive únicamente entre hobbits, elfos y anillos malditos. Hay películas que tomaron otros caminos bastante incomprendidos y no terminaron convertidas en fenómeno mundial. Al contrario: llegaron a las salas, fueron golpeadas por la crítica, fracasaron en taquilla y luego encontraron una segunda vida entre espectadores que sí entendieron su encanto. Una de ellas tiene vikingos, profecías, caníbales, Antonio Banderas y más corazón del que muchos le reconocen.

Hay fantasía más allá de la Tierra Media

La cinta es El guerrero nº 13, estrenada en 1999 y protagonizada por Banderas como Ahmed Ibn Fahdlan, un noble árabe del siglo X que es expulsado de sus tierras después de involucrarse con la mujer equivocada. Acompañado por su mentor, interpretado por Omar Sharif, emprende un viaje hacia el norte y termina cruzándose con un grupo de guerreros vikingos que están por enfrentar una amenaza brutal: una horda salvaje que ataca poblados y devora a sus habitantes.

La historia toma un giro mítico cuando una bruja anuncia que los vikingos solo podrán triunfar si cuentan con la ayuda de un extranjero. Ahmed, que al principio no entiende su idioma, sus costumbres ni su forma bastante intensa de resolver problemas, acaba convertido en el guerrero número trece. No es el más fuerte ni el más temido. Entra por accidente, por profecía y por esa mala suerte que en el cine de aventuras suele convertirse en destino.

Una rareza entre historia, fantasía y terror

El guerrero nº 13 no es fantasía clásica en el sentido más común del término. No tiene dragones, magos ni reinos inventados con genealogías interminables. Su mundo parece más cercano a una Edad Media sucia, violenta y supersticiosa, donde lo sobrenatural se mezcla con el miedo a lo desconocido. Los enemigos no son monstruos ni criaturas: son una presencia casi animal, una amenaza que aparece desde la niebla y convierte cada ataque en una pesadilla tribal.

Ahí está buena parte de su encanto. La película se mueve entre la aventura histórica, el relato de supervivencia y el terror primitivo. Hay fuego, lodo, sangre, cuevas, armaduras pesadas y una sensación constante de que la civilización no está del todo sólida. No busca la grandeza solemne de El Señor de los Anillos. Va por otro lado: un viaje más físico, tosco y más de hombres empapados peleando en la oscuridad mientras intentan no morir devorados.

El guerrero nº 13 no destrona a El Señor de los Anillos, ni lo necesita. Juega en otra cancha. Es menos épica, menos perfecta y mucho más áspera. Pero también es una joya subestimada para quienes aman la fantasía con filo histórico, los relatos de guerreros imposibles y las películas que se sienten como una leyenda contada junto al fuego después de una batalla.

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