Meryl Streep confesó que ser Miranda Priestly fue tan solitario que casi rechaza volver para esta nueva secuela
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Miranda Priestly parece fácil porque Meryl Streep la hizo ver natural. En realidad, había una arquitectura muy clara detrás que le costó a la actriz muchos momentos de convivencia.

Sin lugar a dudas, El diablo viste a la moda 2 es la película del momento. La secuela no solo ha traído de vuelta un clásico querido, sino ha revivido por completo una fantasía. Los abrigos imposibles, las miradas capaces de congelar una sala de juntas, las oficinas donde nadie respira sin permiso y, por supuesto, Miranda Priestly entrando como si el mundo entero tuviera que hacerse a un lado. Hay personajes que se recuerdan por sus frases y el de Meryl Streep en El diablo viste a la moda es uno de ellos.

El regreso de la ganadora del Oscar al papel era prácticamente obligatorio para que la segunda parte tuviera sentido. Anne Hathaway puede volver como Andy Sachs, Emily Blunt como Emily Charlton y Stanley Tucci como Nigel Kipling, pero sin Miranda no existiría ese aire de juicio delicioso que convirtió a la cinta de 2006 en un culto moderno. La nueva película, dirigida otra vez por David Frankel, llegó a Cinépolis y Cinemex el pasado 1 de mayo de 2026 con el elenco original de vuelta y nuevos rostros como Justin Theroux y Kenneth Branagh.

Ser Miranda Priestly tuvo un costo fuera de cámara

Pero dar vida a alguien tan icónico no fue un simple paseo en tacones com lentes oscuros. Meryl Streep reveló que para la película original decidió usar una aproximación tipo "Método", lo que le obligó a aislarse del resto del elenco. La actriz de Mamma Mia! lo describió como una experiencia deprimente, al grado de admitir que fue la última vez que intentó algo así.

Streep entendió que el personaje no podía sentirse como una jefa simpática disfrazada de villana. Si Andy y Emily debían temerle, admirarla o medir cada palabra frente a ella, Streep no quería romper demasiado esa energía entre tomas. El problema fue que el costo emocional quedó del lado de la actriz. Mientras el resto del elenco convivía y se divertía, ella se quedó en la esquina fría del personaje.

La anécdota ayuda a entender por qué el papel quedó tan grabado. Miranda no era una villana escandalosa: era una figura casi espectral dentro de la moda, una mujer capaz de mover carreras completas con una decisión aparentemente mínima. La actuación de Streep convirtió a una editora exigente en una leyenda pop. No necesitó de grandes discursos. Le bastó con parecer cansada de la mediocridad humana.

La secuela cambió las reglas del juego

Para El diablo viste a la moda 2, la historia fue distinta. De acuerdo con TheWrap, Streep no repitió esa estrategia de aislamiento y esta vez se permitió convivir más con sus compañeros. Stanley Tucci y Emily Blunt incluso bromearon sobre cómo el ambiente del nuevo rodaje fue mucho más ligero, con Tucci como una especie de anfitrión social gracias a su famoso gusto por preparar martinis. Miranda podrá seguir helando oficinas, pero Meryl ya no tenía por qué vivir encerrada para sostenerla.

El cambio tiene sentido. Han pasado 20 años desde la primera película y el peso cultural de Miranda Priestly ya no depende de que el elenco le tenga miedo real a Meryl Streep. El personaje está instalado en la memoria colectiva y volver a ella ya no exige construir el mito desde cero. Bastaba con abrir la puerta correcta y dejar que entrara entre toma y toma.

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