En Prime Video está la que para muchos es la mejor película de la historia: tiene a Pierce Brosnan como nunca lo viste
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Esta cinta vale la pena sobre todo para quienes quieren ver otra cara de Pierce Brosnan. No la del agente secreto ni la del galán musical, sino la de un hombre arrojado a una isla donde la elegancia no sirve de nada.

A Pierce Brosnan muchos lo ubican de inmediato con traje impecable, mirada de espía y licencia para manejar autos carísimos antes de que exploten. Su etapa como James Bond en Otro día para morir y GoldenEye dejó instalado en la cultura popular como uno de los 007 más elegantes. Otros lo tienen más presente por Mamma Mia!, cantando ABBA con más entusiasmo que precisión vocal, pero con un carisma imposible de negar.

Lo curioso con Brosnan es que su carrera tiene varios rincones menos conocidos. Entre el espionaje, la comedia musical, los thrillers y los dramas, también se metió en una adaptación literaria donde no hay gadgets, martinis ni islas griegas llenas de coreografías. Solo un hombre perdido, una isla salvaje, la soledad y una historia clásica que ha sido leída, reinterpretada y discutida durante más de tres siglos.

Un clásico de supervivencia con rostro del agente 007

La película es Robinson Crusoe, estrenada en 1997 y disponible en Prime Video para renta o compra. La cinta adapta la novela homónima de Daniel Defoe, publicada originalmente en 1719. La historia sigue a Robinson Crusoe, único sobreviviente de un naufragio, obligado a vivir en una isla donde cada día se convierte en una prueba física y mental. La naturaleza deja de ser paisaje y se vuelve enemiga, refugio, cárcel y maestra al mismo tiempo. Crusoe debe aprender a sobrevivir con lo que tiene a la mano, mientras la soledad empieza a pesarle.

La película introduce también a Viernes, interpretado por William Takaku, un nativo al que Crusoe salva de ser sacrificado y con quien termina construyendo una relación marcada por choque cultural, necesidad y transformación. No es el Brosnan sofisticado de Bond. Aquí aparece más áspero, vulnerable y enfrentado a un mundo donde su educación europea sirve de muy poco frente a la isla.

La isla como castigo y espejo

Uno de los atractivos de Robinson Crusoe está en ver cómo una historia tan conocida sigue funcionando por una razón muy sencilla: todos entendemos el terror de quedar solos frente a nosotros mismos. La isla no es solo un lugar exótico donde pasan aventuras. Es un espacio donde Crusoe pierde comodidades, certezas y buena parte de la identidad con la que llegó. Sobrevivir no significa únicamente hacer fuego o conseguir comida: es también implica aceptar que el mundo no gira alrededor de sus propias ideas.

La relación con Viernes es clave porque mueve la película más allá del simple relato de supervivencia. Crusoe empieza creyendo que debe enseñar, nombrar y ordenar todo desde su mirada, pero la convivencia lo obliga a confrontar sus prejuicios. La historia original de Defoe carga con la visión colonial de su época, y esta versión intenta trabajar esa tensión desde el vínculo entre ambos personajes.

Una película menos famosa que el mito que adapta

Aunque el título Robinson Crusoe suena enorme por su lugar en la literatura, la versión de 1997 no tuvo el mismo peso cultural que otras adaptaciones de supervivencia. Su duración ronda los 90 minutos y su tono va más por la aventura clásica que por la épica monumental. Su interés está en verlo fuera del molde glamoroso con el que muchos lo recuerdan.

También tiene ese sabor de cine de los noventa que hoy puede sentirse raro: más directo, menos saturado de explicaciones y con una confianza muy particular en el relato de aventura. Para quienes solo conocen a Brosnan como espía elegante o como papá romántico de musical, verlo cubierto de tierra, cansado y peleando contra el aislamiento tiene cierto encanto. No es "el hombre perfecto" de traje. Es alguien que tiene que empezar de cero, sin público que lo admire.

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