La ciencia ficción puede ser muchas cosas: naves brillantes, futuros imposibles, inteligencias artificiales, viajes espaciales, guerras entre planetas o preguntas existenciales disfrazadas de espectáculo. A veces busca sorprender con tecnología y otras con monstruos. Y de vez en cuando aparece una película que no parece tener prisa por impresionarte, porque sabe exactamente el tamaño del mundo que está construyendo.
Eso pasó con Duna. Durante décadas, la novela de Frank Herbert tuvo fama de obra monumental, influyente y peligrosamente difícil de adaptar. David Lynch ya lo había intentado en 1984 con una versión que dividió opiniones y quedó como una rareza de culto. Luego llegaron proyectos fallidos, miniseries, fans pacientes y una pregunta que siempre rondaba: ¿alguien podría llevar Arrakis al cine sin perderse en la arena?
Paul Atreides no es el héroe cómodo que parece
Denis Villeneuve lo logró con Duna, estrenada en 2021 y concebida desde el inicio como la primera mitad de una adaptación en dos partes. Protagonizada por Timothée Chalamet, Rebecca Ferguson, Oscar Isaac, Zendaya, Josh Brolin, Stellan Skarsgård, Jason Momoa y Javier Bardem, la película no solo revivió una historia gigantesca: abrió una saga moderna que hoy ya se mira como una de las grandes obras de ciencia ficción del siglo XXI. La cinta recaudó más de 400 millones de dólares a nivel mundial y ganó seis premios Oscar.
Legendary Pictures
En el centro de Dune está Paul Atreides, heredero de una casa noble enviada al planeta Arrakis, el único lugar donde existe la especia, la sustancia más valiosa del universo. Suena a fantasía espacial clásica: un joven elegido, una familia poderosa, un destino enorme y un mundo hostil esperándolo. Pero Villeneuve no lo trata como una aventura juvenil ni como cuento. Desde el inicio, Paul carga con algo más inquietante que la promesa de grandeza.
La película entiende que Duna no va sobre el elegido salvando el día con una espada mágica. Va sobre poder, colonialismo, religión, manipulación política, ecología y el peligro de convertir a una persona en mito. Arrakis no es solo un escenario espectacular para ver gusanos gigantes. Es un territorio saqueado, codiciado y habitado por los Fremen, quienes conocen el planeta mucho mejor que las familias imperiales que llegan a disputárselo.
Villeneuve hizo una superproducción que respira distinto
Lo más impresionante de Duna es que parece blockbuster, pero no se comporta como uno común. Villeneuve evita el chiste constante, la explicación excesiva y la necesidad de llenar cada segundo con acción. La película se toma su tiempo para mirar una nave descendiendo, una sombra cubriendo la arena o un rostro procesando una traición. El ritmo puede parecer frío para algunos, pero es parte de su grandeza.
Legendary Pictures
La fotografía de Greig Fraser convierte el desierto en algo casi religioso. Todo se siente inmenso, seco y pesado. Los interiores imperiales son oscuros y ceremoniales, mientras que los paisajes abiertos parecen tragarse a los personajes. Hans Zimmer, por su parte, construyó una música que no suena a aventura espacial tradicional. Hay voces, percusiones, respiraciones, sonidos que parecen venir de una cultura antigua y futura al mismo tiempo.
Una primera parte que sí se siente completa
Durante su estreno, una de las críticas más repetidas fue que Duna terminaba justo cuando la historia empezaba a abrirse de verdad. Y la película cierra antes de que Paul abrace por completo su camino entre los Fremen pero eso no significa que esté incompleta. Funciona como caída, transformación y nacimiento.
La segunda parte, estrenada en 2024, confirmó que la apuesta inicial tenía sentido. Duna: Parte Dos expandió el viaje de Paul, dio más espacio a Chani y llevó el conflicto político y religioso a un punto mucho más oscuro. Pero buena parte de su fuerza viene de lo que la primera película sembró con paciencia.
Duna puede verse como una obra mayor por sí sola. No intenta agotar la novela ni complacer a todo el mundo en una sola entrega. Prefiere construir cimientos: una ciencia ficción adulta, visualmente poderosa, emocionalmente contenida y con una ambición que se siente rara en una época donde muchas franquicias parecen hechas para vender la siguiente escena postcréditos. Hoy puedes verla por HBO Max.