Disponible en Netflix: El extraordinario western mejor que cualquier película de Clint Eastwood y John Wayne
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Vista hoy en Netflix, la película sigue siendo una experiencia poco común. Puede parecer lenta para quien espera acción cada cinco minutos, pero si uno entra en su ritmo, la recompensa es enorme.

El western suele venir con sombreros, polvo, duelos al sol y una idea bastante clara de quién es el bueno y quién el malo. Durante décadas, John Wayne representó esa figura casi mítica del vaquero estadounidense: firme, frontal y con la moral colgada al cinturón. Clint Eastwood, por su parte, le puso silencio, cinismo y la mirada de pocos amigos al género hasta volverlo más áspero.

Pero hay una película que juega en otra liga. No porque tenga más balazos ni porque sus personajes hablen más fuerte, sino porque parece hecha para despedir al viejo Oeste mientras todavía lo está filmando. Es enorme, lenta, elegante, cruel y bellísima, una de esas cintas que no necesitan pedir respeto porque lo imponen desde la primera escena.

El western que cambió las reglas del juego

La película es Érase una vez en el Oeste, dirigida por Sergio Leone y disponible actualmente en Netflix México. Estrenada en 1968, la cinta reúne a Claudia Cardinale, Henry Fonda, Jason Robards y Charles Bronson en una historia donde el ferrocarril, la tierra, la venganza y la ambición chocan en un paisaje que parece sacado de una leyenda polvorienta.

Aquí todo toma su tiempo. Leone abre la película con una escena larguísima en una estación de tren, donde casi no pasa nada y, al mismo tiempo, pasa todo. El ruido del viento, una gotera, una mosca y los rostros sudados de tres hombres bastan para construir más tensión que muchas películas completas. Desde ahí queda claro que este no es un western cualquiera.

Sergio Leone ya había hecho historia con Clint Eastwood

Leone venía de cambiar el género con la famosa "Trilogía del Dólar", protagonizada por Clint Eastwood, pero Érase una vez en el Oeste se siente como otra cosa. Ya no es el western irónico, rápido y sucio de Por un puñado de dólares o El bueno, el malo y el feo. Aquí el director baja el ritmo, agranda el paisaje y convierte cada mirada en una amenaza.

La comparación con Eastwood tiene sentido porque Leone no está repitiendo la fórmula que lo hizo famoso. En lugar de un antihéroe frío, tenemos a Harmonica, interpretado por Charles Bronson, un hombre que parece cargar una vida entera en los ojos y una melodía como condena personal. Habla poco, aparece cuando debe aparecer y su misterio tarda en abrirse, como si la película supiera que revelar demasiado pronto sería arruinar el veneno.

Henry Fonda también cambia por completo el tablero. El actor, asociado durante años con personajes nobles y de apariencia confiable, interpreta aquí a Frank, uno de los villanos más secos y perturbadores del western.

Claudia Cardinale es el corazón de la película

Aunque los pistoleros se roban muchas miradas, Érase una vez en el Oeste no sería la misma sin Jill McBain, el personaje de Claudia Cardinale. Ella llega al territorio como una mujer marcada por el pasado, pero termina convirtiéndose en el centro emocional de una historia dominada por hombres que ya parecen pertenecer a otro tiempo. No es la típica figura decorativa del western clásico.

A su alrededor, Leone construye una película sobre el fin de una era. El ferrocarril no solo cruza el desierto: trae negocios, especulación, violencia y una forma nueva de poder. Los viejos pistoleros todavía saben matar pero el mundo que los hizo posibles ya está desapareciendo. Por eso la película se siente tan grande. No cuenta nada más una venganza. En realidad, cuenta el momento en que el Oeste deja de ser mito y empieza a convertirse en mercancía.

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