Empieza como plan tranquilo y termina con uno pegado a la pantalla, diciendo que verás un capítulo más y ya.
Hay series que uno pone con toda la inocencia del mundo, diciendo que solo verá un capítulo, y cuando se da cuenta ya se fue media tarde. La comida se enfrió, el celular está abandonado en el sillón y tú estás haciendo teorías como detective en el sillón. Netflix sabe muy bien cómo provocar eso, sobre todo, con títulos que no hacen tanto ruido al principio, pero de pronto te tienen completamente metido.
Y a veces no hace falta una superproducción enorme para que eso pase. Basta una buena historia, pocos episodios, secretos bien guardados y un protagonista al que la vida se le descompone justo cuando creía que por fin podía respirar. De esas series que se ven mejor sin revisar demasiado de qué van, porque el chiste está en dejarse arrastrar.
Un thriller español para maratonear sin culpa
La serie es El inocente, una miniserie española disponible en Netflix que se presta perfecto para verla de corrido. Son ocho episodios, así que tampoco es una de esas producciones eternas de cinco temporadas y 80 capítulos. Es más bien para un plan de tarde libre, café, sillón y olvidarse de todo lo demás.
La historia sigue a Mateo Vidal, interpretado por Mario Casas, un hombre que intenta rehacer su vida después de pasar por prisión por una muerte accidental. Años atrás, una pelea terminó en tragedia y le cambió todo. Ahora parece tener una nueva oportunidad: pareja, estabilidad, una vida más tranquila. Y como en este tipo de historias, cuando todo parece estar en orden, algo se rompe.
Ese algo llega cuando su esposa Olivia, interpretada por Aura Garrido, recibe una llamada extraña y desaparece. Desde ahí, Mateo empieza a caer en una cadena de sospechas, persecuciones y secretos que no paran de crecer. Lo que parecía una segunda oportunidad se convierte en una pesadilla donde nadie parece decir toda la verdad.
Harlan Coben, pero con sabor español
El inocente está basada en una novela de Harlan Coben, uno de esos autores que parecen tener una obsesión con destruirle la vida a gente aparentemente normal. Sus historias casi siempre arrancan con algo pequeño: una llamada, una foto, una desaparición o una mentira vieja. Y luego todo se sale de control.
Aquí el asunto funciona muy bien porque la adaptación no se siente genérica. Oriol Paulo, director de Contratiempo y Durante la tormenta, sabe jugar con los giros sin soltar toda la información de golpe. Te deja creer que ya entendiste algo y luego te mueve el piso. A veces hasta con descaro. Además, la serie tiene una atmósfera muy española que le ayuda bastante.
Suspenso del bueno, sin pedirte una eternidad
Lo mejor de El inocente es que no se anda con demasiadas vueltas. Cada episodio deja algo qué analizar: una sospecha nueva, una verdad incómoda y una escena que cambia lo anterior. No es de esas series que te piden paciencia infinita para resolver algo tres temporadas después. Aquí el viaje es corto, pero cargado.
También tiene ese tipo de suspenso que se disfruta más se deja llevar. Así que si hoy quieres ver algo en Netflix que no sea comedia ligera ni otra serie que vas a abandonar a la mitad, El inocente entra perfecto. Es intensa, adictiva, oscura y lo bastante cerrada como para verla en una sola tarde.