Pero para millones de fans, el sonido de las garras saliendo seguirá teniendo la misma cara: la de Hugh Jackman, el mutante que parecía imposible de reemplazar.
Hugh Jackman podría presumir muchas cosas antes de hablar de músculos. Es actor de teatro musical, canta, baila, hizo Los miserables, se convirtió en figura de Broadway y también ha tenido papeles dramáticos donde no necesitaba de garras ni de unacamiseta rota para llenar la pantalla. Pero siendo honestos, para millones de personas, su nombre siempre va a estar unido a Wolverine.
El personaje le cambió la vida y también marcó su cuerpo durante más de dos décadas. Cuando apareció por primera vez en X-Men, en el año 2000, Jackman era un actor australiano que muchos espectadores estaban descubriendo en ese momento. Nadie sabía que ese mutante gruñón, pequeño en los cómics pero enorme en pantalla, iba a terminar convertido en uno de los rostros más queridos del cine de superhéroes.
Hugh Jackman y el cambio físico que sorprendió a todos
El cambio físico de Hugh Jackman como Wolverine se volvió todavía más impresionante cuando se comparan sus primeras apariciones con su regreso en Deadpool & Wolverine. En la primera X-Men, Jackman tenía poco más de 30 años y ya lucía fuerte, claro, pero su físico todavía era mucho más ligero que el que mostraría después. Para 2024, con 55 años, su versión del personaje parecía más marcada, musculosa y más cercana a esa imagen casi imposible que el cine de superhéroes terminó exigiendo.
o normal sería pensar que un actor alcanza su mejor forma física en plena juventud, no cuando ya está mucho más cerca de los 60 que de los 30. Jackman rompió esa idea con un compromiso brutal. Cada regreso como Wolverine parecía pedirle más: más tamaño, más definición, más disciplina y más sacrificio. El personaje no envejeció como cualquier héroe de franquicia. En realidad se volvió más salvaje con el paso de los años.
Esa transformación también dice mucho de cómo cambió el cine de superhéroes. A principios de los 2000, bastaba con que el actor se viera atlético y convincente. Después, Marvel, DC y las grandes franquicias empezaron a pedir cuerpos casi sobrehumanos. Jackman quedó atrapado en esa evolución, pero en lugar de quedarse atrás, la siguió empujando. Su Wolverine maduro no parecía una versión cansada del personaje, sino una más trabajada, más pesada y con más presencia.
El Wolverine que no estaba planeado para él
Lo curioso es que Hugh Jackman ni siquiera fue la primera opción para interpretar a Wolverine. El papel estuvo cerca de otros actores, incluido Russell Crowe, y después quedó en manos de Dougray Scott, quien tuvo que abandonar el proyecto por problemas de agenda. Jackman llegó casi de última alternativa, como una decisión de casting que al principio parecía solución de emergencia y luego se volvió imposible de imaginar de otra manera.
La diferencia con el cómic era evidente desde el inicio. Wolverine, en las viñetas, es más bajo, más compacto y más rudo visualmente. Jackman era mucho más alto y tenía otra presencia, más de protagonista clásico que de mutante salvaje. Pero algo hizo clic y hoy para mucha gente, Wolverine no tiene otra cara.
Hugh Jackman nació en 1968, así que ya está en esa etapa en la que muchos actores empiezan a dejar atrás los papeles físicamente más exigentes. Él hizo lo contrario: volvió a uno de los personajes más demandantes de su carrera y lo hizo con una entrega que pocas estrellas sostienen durante tanto tiempo. No es casual que se hable de él como el Wolverine definitivo. Otros podrán tomar las garras en el futuro, pero el molde emocional y físico lo dejó él.