Primero les quita el cuerpo, después la voz y, al final, cualquier posibilidad de explicar que todavía siguen ahí dentro.
Christopher Nolan llenó La Odisea de imágenes hechas para ocupar una pantalla IMAX completa. Está el cíclope Polifemo, transformado en una presencia enorme y casi muda. También aparecen guerreros, criaturas marinas y gigantes cubiertos con armaduras que hacen que Odiseo y sus hombres parezcan hormigas. Cada parada del viaje del personaje de Matt Damon tiene algo nuevo esperando para matarlos.
Sin embargo, una de las escenas más inquietantes no necesita ejércitos ni monstruos del tamaño de un edificio. Ocurre dentro de una casa, alrededor de una mesa servida por una mujer que habla con calma mientras sus invitados bajan la guardia. Cuando ellos entienden que han caído en una trampa, sus cuerpos ya comenzaron a cambiar.
Circe es la verdadera pesadilla de 'La Odisea'
Ese personaje es Circe, la poderosa hechicera interpretada por Samantha Morton. En la película, recibe a los hombres de Odiseo en su hogar de la isla de Eea, les ofrece comida y después los transforma físicamente en cerdos. Nolan construyó la secuencia sin CGI: la metamorfosis fue realizada con efectos prácticos mientras Circe moldea con sus propias manos los rostros de las víctimas.
La escena funciona porque Circe no pierde el control ni actúa como una villana que necesita gritar para imponer miedo. Observa a los marineros, los alimenta y espera. Su poder no consiste únicamente en convertirlos en animales, sino en conseguir que entren por su propia voluntad. Samantha Morton explicó que abordó al personaje como una mujer sabia, ligada a la naturaleza y marcada por generaciones de mujeres perseguidas por sus conocimientos.
Nolan incluso le da una motivación que Homero nunca explica por completo. Su Circe ha vivido aislada y rodeada de hombres que llegan a su territorio como depredadores, así que las transformaciones se presentan como una respuesta a esa violencia. La película muestra su enojo y parte de su vulnerabilidad, pero deja fuera la extraña familia de la que proviene y los actos que la convirtieron en una de las figuras más peligrosas de la mitología.
La bruja era hija del Sol y pertenecía a una familia temible
Circe no era una mortal que aprendió algunos trucos con hierbas. De acuerdo con Hesíodo, era hija de Helios, el dios que transportaba al Sol por el cielo, y de Perse, una ninfa descendiente del Océano. También era hermana de Eetes, el rey de la Cólquide y padre de Medea, otra de las grandes hechiceras de los relatos griegos.
Otras tradiciones ampliaron esa familia y la relacionaron con Pasífae, la madre del Minotauro. Circe, Medea y Pasífae quedaron unidas por un linaje en el que la magia, las pociones y las transformaciones nunca terminaban bien para quienes se acercaban demasiado. No era una bruja perdida en una isla. Ella formaba parte de una familia capaz de alterar cuerpos, quebrar reinos y desafiar las reglas de los hombres.
Sus víctimas conservaban la mente dentro de un cuerpo animal
Homero vuelve su castigo todavía más cruel. Los hombres de Odiseo entran en el palacio después de escucharla cantar mientras teje. Afuera hay lobos y leones domesticados mediante drogas, una señal bastante clara de que algo anda mal. Aún así, los marineros deciden pasar de todos modos. Circe mezcla vino, queso, miel y cebada con sustancias destinadas a hacerles olvidar su tierra.
Después toca a cada uno con su vara y los encierra en una pocilga. Sus cuerpos, voces y rostros cambian, pero sus mentes permanecen intactas. Ellos saben quiénes son, recuerdan su hogar y comprenden que ahora están atrapados dentro de animales que sólo pueden gruñir y comer bellotas. El cíclope puede devorar a un hombre pero Circe lo obliga a seguir pensando mientras deja de ser humano.
Nolan tomó una parte de esa figura y la volvió más humana. Su película muestra a una mujer aislada que aprendió a defender su territorio frente a hombres violentos, pero no entra en el linaje solar, la relación con Medea ni las historias de Escila y Pico. Prefirió concentrar todo en unos minutos de terror físico y en la presencia de Samantha Morton, cuya actuación fue recibida con aplausos por el equipo durante el rodaje.