El cine de Steven Spielberg no nació a pesar de aquella infancia. Nació, en buena medida, de ella.
Steven Spielberg hizo que los dinosaurios volvieran a caminar en Jurassic Park, convirtió a los extraterrestres en una experiencia única con Encuentros cercanos del tercer tipo y llevó a Indiana Jones por templos, desiertos y ruinas que marcaron para siempre el cine de aventuras. Pocos directores han brincado entre géneros con tanta facilidad y, al mismo tiempo, han conservado una voz tan reconocible.
Detrás de los ovnis, los monstruos, las persecuciones y los pequeños que recorren el vecindario en bicicleta aparece una misma mirada. Spielberg nunca dejó del todo atrás al niño asustado que filmaba con una cámara de ocho milímetros para entender aquello que no podía controlar. Como ocurre con muchas grandes historias, todo empezó en la infancia, pero no precisamente en una feliz y ordenada.
El miedo se convirtió en su primer material de trabajo
"Todos esos horribles años que pasé de niño se convirtieron en la fuente de mi inspiración creativa", reconoció Spielberg al hablar de una etapa marcada por la ansiedad, la soledad y una imaginación que podía transformar cualquier sombra en una amenaza. El director ha explicado que vuelve constantemente a esos recuerdos cuando necesita encontrar una idea o una emoción para sus películas. La infancia terminó convertida en una especie de archivo personal al que todavía recurre de vez en cuando.
Spielberg creció sintiéndose distinto. Sufrió burlas y agresiones antisemitas, tuvo dificultades escolares relacionadas con una dislexia que no le diagnosticaron hasta muchos años después y pasó buena parte de su adolescencia tratando de encajar. Hacer películas le permitía cambiar las reglas: detrás de la cámara podía dirigir a los mismos chicos que en otros momentos lo intimidaban y convertir aquello que le daba miedo en una escena que él decidía cómo comenzaba y cómo terminaba.
Uno de sus primeros impulsos nació después de ver el choque de trenes de El mayor espectáculo del mundo. La escena lo asustó, pero también lo dejó fascinado, así que decidió recrearla con sus propios trenes eléctricos y filmarla para poder observarla una y otra vez. La cámara le dio algo que la vida real no ofrecía: la posibilidad de repetir el peligro, editarlo y detenerlo cuando quisiera.
'E.T.' y los niños que buscan un lugar seguro
La separación de sus padres dejó otra marca profunda. Spielberg tenía alrededor de 16 años cuando su familia comenzó a romperse y durante mucho tiempo consideró "divorcio" como una de las palabras más desagradables que conocía. Aquella herida apareció de distintas maneras en su filmografía: padres ausentes, casas divididas y niños obligados a enfrentar problemas que los adultos no saben resolver.
E.T., el extraterrestre es quizá la expresión más clara. Elliott vive dentro de una familia atravesada por la ausencia del padre y encuentra en la criatura perdida a alguien que entiende su propia sensación de abandono. El alienígena quiere volver a casa, pero el niño también busca recuperar algo parecido a un hogar. Spielberg tomó el dolor de la separación y lo convirtió en una aventura donde una amistad imposible ayuda a dos seres solitarios a despedirse.
De los juegos infantiles a 'La lista de Schindler' y todo lo demás...
Las películas de Indiana Jones conservan otra parte de aquella infancia: el gusto por los seriales, las aventuras, los mapas y el placer de inventar mundos junto con otros niños. Jurassic Park parte de la fantasía de ver dinosaurios reales y luego deja que ese sueño se transforme en miedo. Spielberg entendía que el asombro y el terror podían vivir dentro de la misma imagen porque así había experimentado el cine desde pequeño.
Su identidad judía, que durante la niñez llegó a hacerlo sentir expuesto, terminó llevándolo hacia La lista de Schindler. Spielberg creció escuchando hablar del Holocausto y convivió con sobrevivientes que visitaban a su familia. Al filmar la historia de Oskar Schindler ya no utilizó monstruos imaginarios ni aventuras fantásticas: enfrentó directamente una parte de la historia que había acompañado a su familia desde antes de que él pudiera comprenderla.
Spielberg aprendió desde niño que el miedo podía paralizarlo o convertirse en una imagen. Eligió lo segundo. Todos aquellos años difíciles no desaparecieron cuando llegó a Hollywood. Siguieron entrando con él a cada set, escondidos en un niño que mira hacia el cielo, en una familia que intenta mantenerse unida o en alguien que encuentra valor justo cuando todo parece demasiado grande.