Hechizo de amor fue una película que alcanzó el culto gracias al paso del tiempo, ya sea por los libros o la película, esta producción ganó miles de fans y por fin llega su secuela a cines de México, pero ¿qué tan buena es?
Hechizo de amor (1998) no fue una entrega más de fantasía; con el paso de las décadas se convirtió en una obra de culto. La brujería mística, el duelo por el desamor y, sobre todo, ese lazo inquebrantable entre hermanas, madres y tías, hicieron que distintas generaciones encontraran en la familia Owens un refugio cinematográfico.
Ahora, 28 años después, la magia regresa a las salas de cine en México. Ver a Sandra Bullock y Nicole Kidman juntas de nuevo es un lujo absoluto: dos de las actrices más icónicas y queridas del cine contemporáneo compartiendo pantalla en una historia de drama y fantasía.
Bajo la dirección de Susanne Bier (Bird Box: A ciegas), la secuela retoma el motor central de la franquicia: la maldición ancestral donde cualquier hombre que se enamore de una mujer Owens terminará muerto trágicamente. La diferencia radica en el paso del tiempo. Sally (Bullock) ya no cría a dos niñas pequeñas, sino a dos jóvenes adultas: Kylie (Joey King) y Antonia (Maisie Williams).
Lo mejor: el poder del matriarcado y el robo de cámara de las tías
La película encuentra sus momentos más luminosos cuando respira la esencia de la entrega original. Cada vez que Sally y Gillian se reúnen con las entrañables tías Franny (Stockard Channing) y Jet (Dianne Wiest), la pantalla de verdad echa chispas. Las interacciones de este clan regalan diálogos enternecedores sobre el duelo, la vida y la entrega hacia la familia. Sin duda alguna, las tías Franny y Jet terminan por robarse el show con las actuaciones más memorables de la cinta.
La grieta: un guion que traiciona sus propias reglas
El tropiezo no viene del elenco ,que hace maravillas con lo que tiene, sino de una escritura deficiente. La historia comete el error de traicionar su propia premisa: mientras la franquicia construyó su identidad sobre la regla de que las mujeres Owens son invencibles cuando permanecen unidas, el relato decide fragmentarlas en grupos pequeños durante gran parte del metraje. Al aislarlas, la fuerza del mensaje principal se esfuma.
A esto se le suma un antagonista plano y sin justificación clara, que entra a escena únicamente para acelerar un conflicto que ya venía perdiendo impulso.
En conclusión, Hechizo de amor 2 se queda a medio camino: es una secuela que se sostiene por la nostalgia y el magnetismo innegable de su reparto, pero que se ve lastrada por una historia que nunca termina de tomar vuelo.