Antes de que Netflix compitiera por Oscars con películas de Martin Scorsese, Alfonso Cuarón o Jane Campion, hubo una producción que puso a prueba una idea entonces casi impensable.
Hoy resulta normal que una película protagonizada por grandes estrellas llegue directamente a Netflix. Roma, El irlandés, Historia de un matrimonio o Sin novedad en el frente incluso demostraron que una producción del streaming podía abrirse paso durante la temporada de premios. En 2015, la industria todavía funcionaba con reglas muy distintas.
Las grandes cadenas de cine defendían ventanas de exhibición de varios meses antes de permitir que una cinta llegara al hogar, mientras Netflix era conocido principalmente por series como House of Cards y Orange Is the New Black. Entonces apareció un drama bélico de Cary Joji Fukunaga protagonizado por Idris Elba y un joven actor prácticamente desconocido. Su llegada provocó un enfrentamiento con algunas de las principales exhibidoras de Estados Unidos y adelantó buena parte de la discusión que transformaría Hollywood durante la década siguiente.
Una de las primeras grandes apuestas cinematográficas de Netflix
La película era Beasts of No Nation, estrenada el 16 de octubre de 2015. Basada en la novela homónima de Uzodinma Iweala, sigue a Agu, un niño que vive con su familia en un país africano sin nombre hasta que una guerra civil destruye su hogar. Separado de los suyos, termina incorporándose a un grupo rebelde comandado por una figura carismática y brutal interpretada por Idris Elba.
Abraham Attah tenía apenas 14 años cuando asumió el papel de Agu. Él sostiene buena parte de una película que observa cómo un niño es empujado poco a poco hacia una violencia que apenas comprende. Frente a él, Elba interpreta al Comandante, un hombre capaz de convertirse al mismo tiempo en figura paterna, líder militar y verdugo. Fukunaga, quien venía de dirigir la primera temporada de True Detective, escribió el guion y también se encargó de la fotografía.
La película pasó primero por el Festival de Venecia, donde Attah ganó el Premio Marcello Mastroianni a mejor intérprete joven. Meses después, Elba se llevó el premio del Sindicato de Actores de Estados Unidos como Mejor Actor de Reparto y recibió nominaciones al Globo de Oro y al BAFTA. La película había conseguido prestigio pero el problema estaba en cómo hacerla llegar al público.
Netflix rompió una regla que Hollywood llevaba décadas respetando
Netflix pagó alrededor de 12 millones de dólares por los derechos de distribución mundial y tomó una decisión que entonces sonaba casi como una provocación: Beasts of No Nation llegaría al servicio de streaming el mismo día de su estreno limitado en salas. En aquel momento, los grandes estudios acostumbraban proteger durante aproximadamente 90 días la exclusividad de los cines.
AMC, Regal, Cinemark y Carmike respondieron negándose a proyectarla. La cinta terminó estrenándose en apenas unas decenas de salas estadounidenses mientras millones de suscriptores podían reproducirla desde casa. Su taquilla fue mínima, pero Netflix estaba jugando otro partido: quería demostrar que podía financiar y distribuir cine de prestigio sin depender del modelo tradicional de Hollywood.
Con el tiempo, aquella estrategia dejó de parecer tan extraña. Las ventanas entre cine y streaming se redujeron, los servicios comenzaron a producir películas con presupuestos enormes y Netflix terminó trabajando con directores como Martin Scorsese, David Fincher, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro. Beasts of No Nation llegó mucho antes de que esa convivencia entre pantalla grande y plataforma se convirtiera en una discusión cotidiana.
Once años después de aquel estreno que enfureció a las cadenas de cine, Beasts of No Nation sigue disponible en Netflix. Lo que en 2015 parecía una amenaza extraña, una película estrenándose en una plataforma al mismo tiempo que intentaba llegar a los cines, terminó pareciéndose mucho al presente.