Arrancar 2026 no está siendo sencillo para todos, y por eso muchos están refugiándose en el séptimo arte. Hay quienes buscan creer otra vez en el amor con historias como Diario de una pasión, otros se inspiran con el optimismo imparable de Legalmente rubia, o vuelven una y otra vez a El día de la marmota para recordarse que incluso los días más grises pueden transformarse.
Son películas que reconfortan y que funcionan como recordatorio de que siempre hay una salida, una oportunidad o un pequeño giro que cambia todo. Pero también existe otro tipo de cine, uno que no promete finales grandiosos, pero sí algo igual de valioso: sentirte acompañado, aunque sea por un par de horas.
Dos desconocidos perdidos pero no tanto
La película es Perdidos en Tokio, disponible hoy en Prime Video. Protagonizada por Bill Murray y Scarlett Johansson, y dirigida por Sofia Coppola, esta cinta se ha convertido en una de las representaciones más delicadas y honestas sobre la soledad y la conexión entre dos personas.
IMDb
La historia sigue a Bob Harris, un actor en el ocaso de su carrera que viaja a Tokio para grabar un comercial, y a Charlotte, una joven que acompaña a su esposo fotógrafo mientras atraviesa una profunda crisis personal. Ambos están lejos de casa, de sus rutinas y, sobre todo, de sí mismos.
Una relación que no necesita etiquetas
Lo extraordinario de Perdidos en Tokio es que nunca intenta definir lo que ocurre entre sus protagonistas. No hay promesas, grandes declaraciones de amor ni giros melodramáticos. Hay conversaciones nocturnas, risas tímidas, silencios cómodos y una sensación constante de entendimiento mutuo.
IMDb
Bob y Charlotte no se salvan entre sí, simplemente se acompañan. Y en ese acompañamiento encuentran un respiro. La película entiende que, a veces, eso es más poderoso que cualquier historia romántica convencional.
Tokio como reflejo emocional
La ciudad no es solo un escenario, es un estado de ánimo. Luces de neón, habitaciones de hotel impersonales, bares silenciosos y calles que parecen infinitas. Tokio se siente tan ajena como fascinante, amplificando la sensación de desconexión que viven los personajes.
Sofia Coppola utiliza la ciudad para subrayar algo muy simple: puedes estar rodeado de gente y aun así sentirte completamente solo. Y también puedes sentirte menos perdido gracias a una sola persona.
Una película que se queda contigo
Perdidos en Tokio no busca respuestas definitivas. Su final es abierto, íntimo y profundamente emocional. No importa tanto lo que se dice, sino lo que se siente. Y ese sentimiento suele acompañar al espectador mucho después de que la película termina.
Es de esas cintas que recuerdas en momentos de silencio, cuando te sientes fuera de lugar o cuando necesitas creer que no estás solo en sentirte así.