Denzel Washington es presencia, autoridad y talento puro. Pocos actores tienen una filmografía tan respetada y tan reconocible. Desde su intensidad en Día de entrenamiento, pasando por el drama histórico de Malcolm X, hasta la acción al límite de El justiciero, Washington ha construido una carrera que parece perfecta. O al menos, eso es lo que muchos creen.
Porque cuando aparece su nombre en los créditos, todos suelen asumir que Denzel eligió estar en el proyecto porque el guion lo conmovió o porque el personaje representaba un reto. Sin embargo, el propio actor ha admitido que esa idea romántica no siempre es cierta. De hecho, algunas de las películas más conocidas de su carrera llegaron a su vida por una razón mucho más terrenal.
El lado incómodo de Hollywood
A veces, incluso las grandes estrellas como Denzel, tienen que ceder. Los estudios presionan, los presupuestos se ajustan y los proyectos se estancan durante años. Y cuando un actor decide también dirigir, el juego cambia por completo. Es ahí donde salen a la luz dinámicas que nadie del público conoce: negociaciones largas, estrategias financieras y decisiones que no tienen nada que ver con el arte.
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En ese contexto, Denzel Washington ha sido sorprendentemente honesto. Sin rodeos, ha reconocido que en más de una ocasión terminó frente a la cámara no por deseo, sino por necesidad.
"Cuestión de dinero"
"Es puramente empresarial. No quería salir en ninguna de las películas. Era solo cuestión de dinero", explicó el propio Denzel lo explicó al ser cuestionado por qué muchos actores terminan protagonizando películas que ellos mismos dirigen:
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Washington detalló que los estudios suelen usar una estrategia muy concreta para forzarlo a aceptar papeles protagónicos. Primero, le ofrecen dirigir un proyecto con un presupuesto que no alcanza para la película. Tras uno o dos años de intentos fallidos, él propone aparecer solo en un papel pequeño. Entonces el estudio sube un poco el dinero, pero sigue siendo insuficiente. El proceso se repite hasta que termina aceptando el papel principal para que la película finalmente pueda hacerse.
El caso más claro: 'Fences'
Este proceso se repitió de forma muy clara con Fences, la adaptación cinematográfica de la obra teatral de August Wilson. Washington quería dirigirla, pero no necesariamente protagonizarla. Sin embargo, la única forma de que el estudio aprobara el presupuesto fue colocándolo al frente del proyecto.
El resultado fue una película potente, nominada a cuatro Premios Oscar, con una estatuilla para Viola Davis como Mejor Actriz de Reparto. Pero paradójicamente, el éxito de Fences confirmó el mismo sistema que Washington critica: la película funcionó porque él estaba en pantalla.
Las declaraciones de Washington revelan cómo funciona realmente Hollywood incluso en la cima. No siempre gana el arte y no siempre gana el deseo personal. Muchas veces, ganan la matemáticas. El público ve el resultado final pero no sabe que detrás hay presupuestos, presiones y años de desgaste.