Durante años, Dragon Ball nos contó la historia de los Saiyajin como una raza brutal, orgullosa y diseñada únicamente para la conquista. Akira Toriyama los diseñó como guerreros fríos, criados para pelear y enviados a destruir planetas sin remordimiento alguno. El afecto, el amor y la compasión parecían conceptos ajenos a su biología, y bajo esa lógica, el origen de Goku siempre se explicó de forma sencilla: era diferente porque se golpeó la cabeza.
Pero con el paso del tiempo, esa explicación empezó a quedarse corta y era demasiado simple para un personaje tan profundamente humano. Porque Dragon Ball, como suele hacer, guardaba una pieza clave de la historia en un rincón que el anime apenas si contó. Una historia que no encajaba del todo con la imagen tradicional de los Saiyajin y que, quizá por eso mismo, nunca se atrevió a mostrarla por completo.
Los Saiyajin no amaban en teoría
Dentro del canon, los Saiyajin no formaban familias por amor. Se reproducían por instinto, evaluando fuerza y potencial genético. Las parejas no existían como tal y no había vínculos emocionales profundos ni relaciones duraderas. Los hijos eran enviados lejos y el apego era visto como debilidad.
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Pero fue Gine, la madre de Kakarotto, quien se atrevió a romper las reglas Saiyajin. Su historia es una de las más trágicas y hermosas del universo Dragon Ball. A diferencia de casi todos los Saiyajin, Gine no era una guerrera. Ella trabajaba como carnicera, lejos del frente de batalla, y poseía una personalidad inusualmente amable para su especie.
Pero lo verdaderamente extraordinario no era solo ella, sino su relación con Bardock. Contra toda norma Saiyajin, Bardock y Gine desarrollaron un vínculo romántico real. No se unieron por conveniencia genética ni por órdenes superiores. Se eligieron, cuidaron y preocuparon el uno por el otro.
Un amor condenado desde el inicio
La historia de Bardock y Gine es trágica porque ocurre en un mundo que no estaba hecho para el amor. Mientras Bardock seguía siendo un guerrero endurecido por la batalla, Gine representaba algo completamente distinto: sensibilidad, miedo y apego. Ella fue una de las pocas Saiyajin que mostró preocupación genuina por el destino de su hijo.
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Cuando Gine presiente que algo terrible está por suceder con el Planeta Vegeta, no lo hace por cálculos estratégicos, sino por intuición emocional y por amor. Es ese mismo amor el que la llevó a aceptar la decisión desesperada de enviar a su hijo lejos, con la esperanza de que sobreviviera.
El verdadero legado de Goku
Durante décadas se dijo que Goku era bueno solo porque perdió la memoria. Pero esa explicación ignora algo mucho más profundo: Goku heredó la gentileza de su madre. No es un accidente ni un error, sino genética emocional.
Gine poseía una capacidad de amar extremadamente rara entre los Saiyajin, y Goku la heredó. Por eso conecta con otros y protege incluso a sus enemigos. El golpe en la cabeza pudo haber suavizado sus instintos pero la base ya estaba ahí.