Hoy los remakes son pan de cada día. Están por todas partes. Duna volvió para demostrar que rehacer un clásico sí puede funcionar. Amor sin barreras se reinventó con la mirada moderna de Steven Spielberg. Y Sin novedad en el frente regresó décadas después para rompernos el alma otra vez. El cine actual vive mirando al pasado, a veces con respeto, y otras solo por nostalgia.
Sin embargo, el terror es un asunto es más delicado. En el género los remakes suelen generar desconfianza automática porque el miedo envejece mal y lo que antes incomodaba hoy puede parecer suave. Y la cosa se vuelve aún más difícil cuando se trata de rehacer una película mítica sin perder su esencia. Aún así, Netflix hizo lo suyo y se lazó por llevar a la plataforma una de las joyas más incómodas del cine de horror.
El regreso sangriento que nadie esperaba
La película es La masacre de Texas. Fue el regreso oficial al legado de Leatherface, producido por Netflix y estrenado en 2022, que decidió continuar la historia justo donde la dejó el clásico original de Tobe Hooper en 1974.
The New York Times / Netflix
En esta versión no hubo necesidad de reinterpretaciones elegantes ni metáforas rebuscadas. El mensaje del gigante del streaming fue claro: volver al origen, a la violencia seca y al terror físico que se siente pegajoso, incómodo, casi desagradable de ver.
Una pesadilla moderna en un pueblo olvidado
La historia arranca con Melody y su hermana Lila, acompañadas por sus amigos Dante y Ruth. Jóvenes, optimistas, con ideas de emprendimiento y sueños de cambio. Todos deciden mudarse al remoto pueblo de Harlow, Texas, con la intención de revitalizarlo y comenzar una nueva vida lejos del caos urbano. Un error clásico y gravísimo.
Netflix
Sin saberlo, terminan involucrados con la antigua casa de Leatherface. Y como dicta la ley no escrita del terror, todo se viene abajo en cuestión de minutos. A esto se suma el regreso de Sally Hardesty, interpretada por Olwen Fouéré, la única sobreviviente de la masacre original de 1973. Ahora, décadas después, vive obsesionada con la venganza y busca cerrar el círculo.
Brutalidad sin filtros y sin culpa
Lo que diferencia a este remake de tantos otros intentos fallidos es que no intenta caerle bien a nadie. La violencia es frontal y los asesinatos no se esconden con cortes rápidos. El sonido de la motosierra vuelve a ser protagonista. En resumen: el miedo no es elegante, sino caótico.
Netflix entendió algo clave: La masacre de Texas nunca fue una película "bonita". Fue incómoda desde su origen, y no por nada, fue prohibida en su momento en ciertos lugares. Es una historia sobre decadencia, locura y violencia rural que funcionaba precisamente porque no se sentía segura.
La realidad es que el remake de La masacre de Texas no busca ser profundo ni filosófico. Busca que te retuerzas en el sillón.