Hay carreras que despegan poco a poco y otras que explotan como una bomba. La de Julia Roberts pertenece al segundo grupo. Antes de convertirse en "la sonrisa de Hollywood", ya había llamado la atención, pero fue una película concreta la que lo cambió absolutamente todo: Mujer bonita. Una historia romántica, un galán interpretado por Richard Gere y una canción imposible de sacar de la cabeza.
Como todo gran fenómeno, Mujer bonita dejó imágenes icónicas. Miradas, vestuarios y ecenas que hoy siguen vivas en la memoria colectiva del público. Pero hay un momento en particular que todos creen conocer y que en realidad no es exactamente como lo pensaban.
Una imagen que definió una época
El póster de Mujer bonita es uno de los más reconocibles de las comedias románticas. Julia apoyada en Richard, con botas altas, un vestido ajustado y una sonrisa confiada. Durante décadas nadie cuestionó esa fotografía. Pero como suele pasar en Hollywood, la verdad estaba escondida a plena vista, esperando a que alguien mirara con un poco más de atención.
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En el póster icónico, el cuerpo que vemos no es el de Julia Roberts. Solo su cabeza es real. El resto pertenece a una doble de cuerpo llamada Shelley Michelle.
El gran secreto del póster
Para crear la imagen definitiva, el estudio utilizó edición fotográfica para colocar el rostro de Roberts sobre el cuerpo de Michelle. Un trabajo minucioso, casi invisible, pensado para que nadie lo notara. Incluso el cabello de Richard Gere fue retocado para que se viera más oscuro y combinara mejor con la composición final.
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Durante años, el truco funcionó a la perfección. El mundo entero dio por hecho que esa imagen representaba fielmente a sus protagonistas.
¿Quién es Shelley Michelle?
Shelley Michelle no fue una elección al azar. Además de servir como doble para la imagen, también fue utilizada en la película para ciertos primeros planos del personaje de Vivian Ward. Especialmente en escenas donde el encuadre se centraba en el cuerpo y no en el rostro.
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En ese sentido, su participación fue más amplia de lo que muchos imaginan. No solo prestó su figura para una sesión promocional, sino que también formó parte del resultado final, aunque de manera discreta.
Lo curioso es que este tipo de prácticas no eran raras en esa época. Antes del Photoshop moderno, los estudios ya manipulaban imágenes, mezclaban elementos y retocaban detalles para lograr "la foto perfecta". Lo sorprendente aquí es lo bien que lo hicieron tan bien que nadie se percató de ello durante décadas.