Hoy hablamos de ciencia ficción con mucha naturalidad. Mundos imposibles, realidades alternativas, inteligencia artificial con dilemas morales y universos visualmente deslumbrantes. Títulos recientes como Duna, Ex Machina o Blade Runner 2049, han dejado al público con la boca abierta y subieron el estándar de lo que el género puede hacer en pleno siglo XXI.
Pero lo curioso es que antes de todo eso hubo una película que ya estaba jugando en otra liga. Una que llegó cuando el cine todavía no abusaba del CGI, cuando el internet era lento y los celulares no dominaban nuestras vidas. Aun así, logró adelantarse a su tiempo de una forma tan brutal que ho no solo no se siente vieja, sino vigente.
La película que lo cambió todo
Estamos hablando de Matrix. Estrenada a finales de los 90, cuando el mundo estaba a punto de entrar en un nuevo milenio, esta cinta no solo revolucionó la ciencia ficción: cambió la forma de hacer cine de acción, de pensar la realidad y de imaginar el futuro.
Village Roadshow Pictures
Desde su primer minuto, Matrix dejó claro que no venía a contar una historia más de hackers y computadoras. Venía a cuestionarlo todo, desde qué es real, qué es una ilusión, y si nuestra vida entera fuera solo una simulación muy bien diseñada. En su momento, la película fue un golpe directo a la cabeza y hoy es casi profética.
Un estilo visual que sigue siendo referencia
Parte de la razón por la que Matrix no ha envejecido tiene que ver con su estética. La famosa escena de las balas, las cámaras girando alrededor de personajes congelados en el aire, los trajes negros, las gafas oscuras y el código verde cayendo como lluvia digital. Todo eso se volvió icónico al instante.
Village Roadshow Pictures
Pero más allá del impacto visual, lo importante es que esos recursos tenían sentido narrativo. No eran solo trucos para lucirse. Representaban la ruptura de las reglas de la realidad dentro de la simulación. El estilo estaba al servicio de la historia y no al revés.
Una historia que envejece mejor que la tecnología
Paradójicamente, Matrix habla de tecnología, pero no depende de ella para funcionar. Su dilema es filosófico. Toma ideas del existencialismo, del control social y de la identidad, todo envuelto en una narrativa llena de acción y ritmo.
Hoy, en una época dominada por algoritmos, redes sociales, inteligencia artificial y realidades digitales, la pregunta central de la película resulta más inquietante que nunca. No se siente como una fantasía futurista, sino como una advertencia. Eso explica por qué nuevas generaciones la ven y siguen conectando con ella, incluso sin el factor nostalgia. Hoy está disponible en HBO Max y Netflix.