Hay películas que nacen con la etiqueta de "fracaso". Proyectos que desde el tráiler parecen chiste. Ahí están Dragonball Evolution, El último maestro aire o incluso Flash, cintas que llegaron rodeadas de expectativa y se estrellaron duro contra la realidad. Mucho presupuesto, nombres conocidos y cero corazón. Pasa más seguido de lo que Hollywood quisiera admitir.
Pero también ocurre lo contrario. Historias que parecen una mala idea en papel, que nadie toma demasiado en serio y que terminan callando bocas. Películas que no prometen nada espectacular y, justo por eso, sorprenden cuando funcionan. Cuando conectan. Cuando arrasan. Y eso fue exactamente lo que pasó con una producción europea que llegó a Netflix y en cuestión de horas estaba dominando el top global.
Un tiburón donde menos lo esperas
La película se llama En las profundidades del Sena y desde el título ya hay algo que suena extraño. Acción y suspenso hecho en Francia, ambientada en pleno corazón de París, con un escenario tan icónico como inesperado: el río Sena convertido en zona de peligro.
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Dirigida por Xavier Gens, conocido por su trabajo en La piel fría, la cinta nos presenta a Sophie, una científica brillante que jamás pensó enfrentar algo así. Es verano, la ciudad está de fiesta y París se prepara para recibir por primera vez un Campeonato Mundial de Triatlón que promete prestigio internacional y una fuerte inyección económica.
Mientras las autoridades celebran y miran hacia otro lado, Sophie recibe una advertencia inquietante. Mike, un joven activista ambiental, le muestra evidencia de algo que suena absurdo: un enorme tiburón blanco se mueve bajo el Sena, oculto en las zonas más profundas del río.
El problema es que nadie quiere aceptar esa posibilidad. Cancelar el evento sería un escándalo y admitir el riesgo, una pesadilla política. Pero el tiempo corre y el peligro no espera permisos oficiales. Ante la amenaza inminente, Sophie busca ayuda en Adil, comandante de la policía fluvial, con quien intenta evitar una tragedia en medio de una ciudad abarrotada de atletas, turistas y cámaras.
Por qué funcionó cuando nadie apostaba por ella
La premisa podría sonar exagerada, incluso ridícula: un tiburón en París. Pero En las profundidades del Sena entiende algo fundamental: no necesita tomarse demasiado en serio para ser efectiva. Abraza su concepto, lo ejecuta firmemente y no se pierde en explicaciones innecesarias.
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Y por eso, el impacto fue brutal. El mismo día de su estreno, la película se colocó como número uno en más de 100 países, superando producciones mucho más caras y mediáticas. Nadie lo vio venir, ni siquiera Netflix.
Las redes hicieron el resto. Clips virales, comentarios del tipo "no pensé que me fuera a gustar" y esas recomendaciones digitales que hoy deciden el destino de cualquier estreno. En cuestión de horas, la cinta pasó de ser "esa película rara francesa" a convertirse en el tema del momento.
Mientras muchas superproducciones se hunden por querer abarcarlo todo, esta cinta fue directo al punto. Suspenso, peligro, decisiones difíciles y una ciudad que, por una vez, no es solo fondo turístico, sino parte del conflicto.