Hubo un tiempo en que pensar en El Señor de los Anillos en el cine sonaba a locura total. Hoy parece imposible imaginar la historia del séptimo arte sin la trilogía de Peter Jackson, pero durante décadas la aventura de Frodo, Gandalf y compañía cargó con una fama complicada: demasiado grande, rara y ambiciosa. En pocas palabras, una misión casi suicida para cualquier estudio.
Y viendo lo que pasó después, cuesta trabajo recordar que antes del fenómeno mundial de inicios de los 2000 hubo tropiezos, ideas y varios intentos que nunca llegaron a buen puerto. Porque mucho antes de que Nueva Zelanda se convirtiera en la Tierra Media definitiva para millones de fans, otros ya soñaban con llevar ese universo a la pantalla grande. Pero no todos entendían lo que tenían entre manos.
De hecho, el golpe más duro no vino de un crítico, ni de un productor nervioso, ni de algún ejecutivo con miedo a perder dinero. Vino del propio J.R.R. Tolkien, quien leyó el primer intento serio de adaptar su saga al cine y lo despedazó sin piedad. Para el autor británico, aquel libreto no solo estaba mal hecho: era una auténtica burla.
Antes de Peter Jackson ya hubo planes para filmar la Tierra Media
Cuando la trilogía dirigida por Peter Jackson arrasó en taquilla y premios, quedó claro que el supuesto "proyecto imposible" sí podía funcionar. Las cifras y los premios hablaron por sí solos. Pero ese éxito monumental también borró un poco la memoria de los intentos anteriores.
Fantasy Films Productions
Uno de los más recordados es la película animada de 1978 dirigida por Ralph Bakshi, una versión extraña, experimental y bastante discutida que todavía divide a los fans. Sin embargo, hubo un proyecto todavía más antiguo y mucho menos conocido, uno que se empezó a mover desde finales de los años cincuenta, cuando la idea de adaptar a Tolkien todavía sonaba más a capricho que a plan real.
En ese entonces, el editor Forrest J. Ackerman consiguió autorización para desarrollar una versión cinematográfica del universo de Tolkien. El guion fue encargado a Morton Grady Zimmerman, y la intención no era pequeña ni discreta: querían condensar las aventuras de Frodo y la historia de la Comunidad del Anillo en una película animada de aproximadamente tres horas. El problema comenzó cuando ese texto llegó a manos del creador de la obra, la reacción fue durísima.
Tolkien no se guardó nada
Hay autores que prefieren ser diplomáticos pero no Tolkien. Tras revisar el guion, expresó su molestia en cartas publicadas después de su muerte, dejó clarísimo que la adaptación le parecía un desastre monumental y que el material no entendía en absoluto el espíritu de su historia.
Fantasy Films Productions
Su crítica fue feroz. El escritor sintió que su obra había sido tratada con torpeza, urgencia y una falta de sensibilidad brutal. Básicamente, Tolkien pensó que quienes estaban detrás del proyecto no habían comprendido ni el tono, ni el mundo, ni el corazón de El Señor de los Anillos.
Lo más demoledor es que Tolkien no veía el problema como una simple mala adaptación, sino como una deformación completa de lo que él había construido. La impresión que le dejó aquel trabajo fue que alguien había hojeado la novela y armado una versión confusa.
La verdad, la postura de Tolkien se entiende. Para él, la Tierra Media no era una simple colección de personajes y aventuras intercambiables. Era un universo con historia, lenguaje, peso mitológico y una identidad muy precisa. Cambiar detalles por cambiarlos, o simplificarlo todo hasta volverlo irreconocible, era traicionar lo esencial del relato.