México lleva décadas colándose en el cine de acción sin pedir permiso. Depredador convirtió la selva mexicana en una pesadilla para Arnold Schwarzenegger. 007: Spectre usó el corazón de la Ciudad de México para uno de los arranques más espectaculares de James Bond. Y Hombre en llamas hizo del caos chilango una parte inseparable de su identidad. Hollywood ha encontrado en nuestro país un escenario capaz de convertirse en casi cualquier cosa.
Por eso tampoco debería sorprender tanto que Sylvester Stallone hiciera exactamente lo mismo con una de las películas más icónicas de su carrera. Cuando uno piensa en Rambo II, lo primero que viene a la cabeza es la jungla, el lodo, la humedad y los prisioneros de guerra de Vietnam en la época.
Pero no. El gran secreto de Rambo II es que ese supuesto Vietnam estaba, en realidad, en Guerrero y Acapulco, con locaciones en Coyuca de Benítez, Pie de la Cuesta, Tecoanapa y hasta apoyo en Estudios Churubusco y la Base Aérea Militar. Sitios como IMDb lista a "La Perla del Pacífico" y Tecoanapa, Guerrero entre sus principales locaciones de rodaje.
Stallone encontró Vietnam donde menos lo esperabas
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Una de las locaciones más recordadas es la cascada El Salto, en Coyuca de Benítez, que aparece en una de las secuencias donde Rambo asciende entre rocas y vegetación con el arco en mano. También se utilizaron la Laguna de Coyuca y la zona conocida como "La Jungla", en Pie de la Cuesta, para varias de las escenas acuáticas y de desplazamiento en bote.
Acapulco también se volvió campo de batalla
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Lo mejor es que el rodaje no se limitó a parajes selváticos. Una parte importante del arranque de la película, cuando Rambo sale hacia su misión, se filmó en la Base Aérea Militar No. 7 de Pie de la Cuesta, en Acapulco. Según distintos recuentos, la producción contó con apoyo mexicano e incluso con vigilancia estrecha de inteligencia debido al uso de equipo especial y a la escala del rodaje.
México como doble de lujo
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Y luego está una de las escenas más recordadas de toda la película: cuando Rambo destruye vehículos con sus flechas explosivas. Para eso se utilizó el Puente Omitlán, en Tierra Colorada, municipio de Juan R. Escudero, otro rincón guerrerense que terminó inmortalizado en el imaginario de acción de los años ochenta.
El Vietnam de Rambo estaba mucho más cerca de lo que creías
Lo de Rambo II no fue un capricho aislado. En realidad encaja perfectamente en una tradición larguísima: usar México como un comodín cinematográfico. Visto hoy, el dato tiene algo delicioso: mientras millones de personas veían a John Rambo abrirse paso por lo que creían era Vietnam, en realidad estaban mirando paisajes mexicanos perfectamente camuflados. Y no cualquier paisaje: zonas de Guerrero y Acapulco que, gracias al cine, se transformaron en otro continente sin dejar de ser ellas mismas.