A veces no hace falta una película que te cambie la vida, sino una que te quite el ruido de la cabeza. De esas que no te exigen nada, no te ponen de malas y tampoco sienten la necesidad de sacudirte con drama cada diez minutos. Sólo están ahí, con personajes agradables, espacios bonitos y una historia que avanza con la suficiente calma como para que todo se sienta menos pesado.
Precisamente, es lo que pasa con Pasante de moda. No es una película escandalosa, ni una comedia explosiva, ni una de esas historias que viven de grandes explosiones. Su encanto está en otro lado: en la suavidad con la que te mete a su mundo, la calidez de sus personajes y la sensación valiosa de estar viendo algo que de verdad relaja.
Una película que se siente como respirar más despacio
Dirigida por Nancy Meyers, Pasante de moda sigue a Ben Whittaker, un viudo de 70 años que decide volver al mundo laboral como pasante en una empresa de moda digital. Ahí conoce a Jules, una fundadora joven, brillante y completamente rebasada por el ritmo de su propia vida. Entre ellos no se construye un romance, ni una rivalidad, ni una relación artificial. Lo que aparece es algo mucho más reconfortante: una amistad improbable que funciona justo porque ambos se encuentran en el momento en que más se necesitaban.
RatPac-Dune Entertainment
Esa es una de las razones por las que la película calma tanto. Pasante de moda no está construida desde el conflicto, sino desde la observación. Ve el cansancio, la presión laboral, el miedo a no poder con todo y la soledad que puede existir incluso cuando estás rodeado de gente. Pero lo hace sin volverse pesada y sin hundirse en el drama, más bien como una compañía.
Robert De Niro y Anne Hathaway hacen que todo se sienta fácil
Robert De Niro hace un papel que le queda increíble: sereno, amable, elegante, como uno esos personajes que entran a una escena y de inmediato la vuelven más habitable. Su Ben simplemente escucha, observa y está presente. Anne Hathaway, por su parte, sostiene muy bien el vértigo de una mujer que intenta ser buena jefa, buena madre, buena pareja y buena en todo, mientras apenas encuentra tiempo para respirar.
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Luego está el otro gran factor: cómo se ve. Pasante de moda tiene esa estética tan característica del cine de Nancy Meyers, donde todo parece estar en su lugar sin sentirse frío. La oficina, la ropa, los departamentos, la luz, el orden de los espacios, todo produce una especie de placer visual muy específico. No se siente abrumador sino acogedor.
Hay películas que entretienen y ya. Pasante de moda hace algo más raro: acompaña. Te recuerda que no todo tiene que resolverse a gritos, que la gentileza todavía puede ser interesante en pantalla y que una historia amable no tiene por qué ser aburrida.