Hay películas que no se conforman con contarte una historia. Te sientan frente a la pantalla, te dan dos o tres pistas, te hacen sentir inteligente durante un rato y luego te mueven el piso con toda la calma del mundo. El origen de Christopher Nolan hizo eso a lo grande, con sueños dentro de sueños, reglas imposibles y un trompo que todavía provoca discusiones como si el destino de la humanidad dependiera de él.
Pero el thriller psicológico no siempre necesita de efectos enormes ni laberintos visuales para dejarte dando vueltas. A veces basta una habitación, un crimen aparentemente resuelto y dos personajes que se miran como si estuvieran jugando ajedrez con vidas humanas. En ese terreno, hay una película de 2007 que pasó sin hacer tanto ruido pero que sigue siendo una de esas recomendaciones perfectas para quienes disfrutan los finales confusos.
El thriller que nadie se debe perder
La cinta es Crimen perfecto, dirigida por Gregory Hoblit. Protagonizada por Anthony Hopkins y Ryan Gosling, la historia es una combinación bastante atractiva para quienes aman los duelos actorales elegantes. La historia sigue a Ted Crawford, un ingeniero rico, calculador y terriblemente seguro de sí mismo, que dispara contra su esposa después de descubrir su infidelidad. El caso parece cerrado desde el inicio porque él mismo confiesa, o eso parece. Actualmente puede encontrarse en HBO Max y también aparece en Prime Video.
Castle Rock Entertainment
Hopkins interpreta a Crawford con esa tranquilidad suya que da más miedo que un grito. No necesita levantar la voz ni hacer grandes gestos para dominar una escena. Le basta una sonrisa mínima o una frase suave para dejar impacto. Es imposible no pensar en Hannibal Lecter, pero aquí el personaje opera desde otro lugar: menos monstruo mítico y más hombre brillante con delirios de superioridad.
Del otro lado está Ryan Gosling como Willy Beachum, un fiscal joven, ambicioso y a punto de dejar la oficina pública para entrar a una firma privada con traje caro y futuro brillante. Willy cree que el caso será un trámite. Tiene confesión, evidencia y un acusado que no parece interesado en negar nada. Crawford no quiere escapar corriendo: quiere demostrar que puede ganar dentro del sistema, usando sus huecos, sus reglas y sus propias vanidades.
Un crimen que parece resuelto desde el minuto uno
La gracia de Crimen perfecto está en que no es un misterio tradicional donde el espectador se pregunta quién lo hizo. Sabemos quién disparó y por qué. Pero la tensión viene de otra parte: de descubrir cómo alguien puede estar tan cerca de la verdad y aun así no poder probarla. La frustración sostiene la película con una energía especial, de esas que dan ganas de pausar para ordenar las piezas mentalmente.
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Y ver a Gosling en esta etapa también tiene su encanto. Antes de que medio internet lo adoptara como meme emocional, antes de Drive, La La Land y el fenómeno rosa de Barbie, aquí todavía aparecía como un actor novato, pero con la seguridad y vulnerabilidad que luego se volvería parte de su marca.
Sin entrar en spoilers, el cierre de Crimen perfecto es de esos que obligan a mirar hacia atrás. No por un giro tramposo salido de la nada, sino porque la película va dejando detalles con una paciencia bastante cruel. Cuando la pieza final cae en su lugar, el espectador entiende que el juego empezó mucho antes de lo que creía. El título no está puesto de adorno.