En los últimos años, la televisión se ha obsesionado con el trabajo. No con el trabajo al estilo de La Oficina, 2 Broke Girls o Parks and Recreation, sino con otro: el que te absorbe, te parte el día, te cambia el humor y a veces te deja la sensación de que tu vida real empieza cuando por fin cierras la computadora. Las mejores series han entendido que el terror moderno no siempre vive en casas embrujadas. A veces está en un pasillo corporativo demasiado blanco.
Por eso las historias sobre empresas raras, jefes inquietantes y empleados atrapados en dinámicas absurdas son tan impactantes. Todos hemos sentido, aunque sea un poco, que dejamos una versión distinta de nosotros mismos en el trabajo. Apple TV+ tomó esa incomodidad cotidiana y la convirtió en una de las premisas más locas, elegantes y perturbadoras de la televisión reciente.
El trabajo que nadie desea
La joya en cuestión es Severance, creada por Dan Erickson y producida por Ben Stiller, quien también dirigió varios episodios. La historia sigue a Mark Scout, interpretado por Adam Scott, un empleado de Lumon Industries que se sometió a un procedimiento llamado "separación": sus recuerdos del trabajo y de su vida personal quedan completamente divididos. Cuando está en la oficina, no sabe quién es afuera. Cuando sale, no recuerda nada de lo que hace durante su jornada.
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Suena como una fantasía peligrosa para cualquiera que haya querido desconectarse del trabajo al cien por ciento. Nada de pensar en pendientes durante la cena, nada de ansiedad en el descanso y nada de recordar esa junta que pudo ser correo. Severance toma esa idea y la vuelve una trampa cruel: si tu yo de afuera no recuerda el trabajo, entonces tu yo de adentro nunca sale. Vive atrapado en la oficina, sin noches, sin fines de semana, sin infancia y sin mundo exterior.
Lumon Industries: la oficina más inquietante de la televisión
Lumon no se parece a una empresa real y, al mismo tiempo, se parece demasiado. Sus oficinas tienen una limpieza extrema: paredes blancas, alfombras verdes, computadoras viejas, salones enormes y pasillos que parecen diseñados para que cualquiera pierda la noción del tiempo. Todo está ordenado con una calma tan perfecta que da desconfianza desde el primer minuto.
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Los empleados del área de refinamiento de macrodatos hacen un trabajo que ni ellos mismos pueden explicar. Ven números en una pantalla y separan aquellos que "se sienten" de cierta manera. Muchas oficinas funcionan así: tareas fragmentadas, objetivos opacos, discursos motivacionales extraños y una cultura corporativa que convierte cualquier premio mínimo en evento trascendental. En Severance, una fiesta con pasteles, una sesión de baile o un momento "divertido" pueden dar más miedo que un asesino con arma en mano.
Una ciencia ficción sin naves, pero con mucha ansiedad
Lo brillante de Severance es que no necesita explicar su mundo. Lejos de universos como Star Wars o Avatar, la ciencia ficción de la serie cabe en una oficina, en un chip implantado y en una política de recursos humanos llevada hasta el límite. El minimalismo es lo que la hace más inquietante en la que la tecnología no aparece como espectáculo, sino como herramienta de control.
Apple TV+ tiene varias series de prestigio, pero Severance ocupa un lugar aparte. No se parece a casi nada del catálogo actual. Es rara sin ser inentendible, elegante sin sentirse presumida y visceral sin olvidar que sus personajes importan. Su mundo parece inventado desde una pesadilla administrativa, pero su angustia es demasiado real.