Viola Davis no es una actriz que necesite introducción. Su filmografía habla por ella: La mujer rey, La duda, How to Get Away with Murder y, por supuesto, Historias cruzadas, la película que durante años fue vista como una de sus grandes puertas de entrada al reconocimiento masivo. Su presencia en pantalla tiene algo que no se fabrica con campañas de premios: peso, verdad y una manera de mirar como conociera por completo al personaje.
Por eso su relación con Historias cruzadas resulta tan compleja. La cinta fue un éxito, le dio una nominación al Oscar y la colocó con más fuerza en el radar de Hollywood. Pero el paso del tiempo cambió la conversación. Lo que en 2011 muchos celebraron como una historia emotiva sobre racismo y dignidad, años después empezó a verse desde otro lugar: el de una película sobre mujeres negras contada, en buena medida, desde la mirada de una protagonista blanca.
La película que la impulsó y después la incomodó
Historias cruzadas está ambientada en Mississippi durante los años sesenta y sigue a Skeeter, una joven blanca que decide escribir un libro con testimonios de trabajadoras domésticas negras. Viola Davis da vida a Aibileen Clark, una mujer que ha criado a hijos ajenos mientras carga sus propios duelos, cansancios y humillaciones cotidianas. La película fue un fenómeno de público y premios, con cuatro nominaciones al Oscar, incluida una para Davis como Mejor Actriz.
DreamWorks Pictures
Pero Davis ha sido muy clara al revisar esa etapa. En una entrevista con Vanity Fair, explicó que aceptó la cinta porque estaba intentando abrirse paso en la industria, entrar a espacios que no siempre estaban disponibles para actrices negras con papeles principales. La película le dio visibilidad, pero también la dejó con una incomodidad profunda: sintió que había participado en una obra que no estaba preparada para contar toda la verdad.
"Me traicioné a mí misma y a mi gente"
La frase más dura de Viola Davis llegó años después: dijo que una parte de ella sentía que se había traicionado a sí misma y a su gente al formar parte de una película que, aunque entretenida y querida por muchos, no alcanzaba a mirar con profundidad la experiencia de las mujeres negras que decía retratar. No renegó de sus compañeras ni del trabajo en el set. Su crítica iba hacia algo más grande: la estructura desde donde la película fue pensada.
DreamWorks Pictures
Davis también describió a Historias cruzadas como una obra creada dentro del filtro del racismo sistémico. Para ella, el problema era que la película hablaba sobre racismo, pero seguía organizada alrededor de una mirada cómoda para el público blanco, una mirada que podía conmoverse sin tener que escuchar del todo a las mujeres que sostenían la historia.
Viola Davis no está borrando su pasado
Lo más interesante es que Davis no habla de Historias cruzadas como si quisiera fingir que nunca existió. No elimina el trabajo, ni la experiencia, ni la importancia que tuvo para su carrera. Lo que hace es algo más incómodo: revisar una decisión desde la madurez, con más poder, más voz y más claridad sobre el sistema que la rodeaba.
Hoy su postura más potente. No es una actriz atacando una película por moda, sino una artista mirando hacia atrás y reconociendo que, para poder entrar a Hollywood, a veces tuvo que aceptar historias que no estaban completamente listas para honrar a las mujeres que representaban. Hay algo doloroso en esa honestidad y también algo liberador.