Con sus películas más recientes, Disney y Pixar han mantenido viva esa idea de que siguen siendo los reyes de la animación. La Casa del Ratón con propuestas como Wish o el regreso de Zootopia, y Pixar con historias que han intentado hablarle también a los adultos, como Soul, dejaron claro que la animación ya no se piensa solo como entretenimiento para niños. Hace rato que los estudios entendieron que una película con colores bonitos también puede hablar de duelo, identidad, miedo, frustración o propósito.
Pero Netflix también ha construido su propio camino. Sin tener el peso histórico de Mickey Mouse ni la marca emocional de Pixar, la plataforma ha apostado por historias animadas que se sienten distintas, a veces más arriesgadas y menos amarradas a una fórmula. Entre ellas hay una joya que parece película navideña para ver con chocolate caliente, pero que en realidad puede dejar llorando a cualquier adulto que llegue desprevenido.
La película animada de Netflix que no parece de Netflix
La película es Klaus, dirigida por Sergio Pablos y estrenada en 2019. Es la historia de Jesper, un cartero egoísta enviado a un pueblo frío y miserable, donde termina formando una amistad inesperada con un fabricante de juguetes solitario. Suena como a un origen alternativo de Santa Claus con nieve, cartas y niños emocionados pero también es mucho más que eso.
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Klaus funciona porque no intenta imitar a Disney ni competirle a Pixar desde el mismo lugar. No tiene princesas, canciones pensadas para volverse virales ni mascotas diseñadas para vender peluches. Tiene una animación artesanal, una historia sobre la bondad como efecto dominó y un tono que empieza en la comedia, pero avanza hacia algo mucho más emocional.
No es solo Navidad: es una película sobre la pérdida
La trampa de Klaus está en que parece una película navideña ligera, pero esconde un corazón bastante adulto. La historia de Klaus no se construye desde el chiste ni lo fácil: todo habla de una pérdida que la película revela con delicadeza. No necesita subrayar el dolor. Basta mirar cómo guarda lo que alguna vez imaginó para una vida que no llegó.
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De pronto, la película deja de ser solo el origen de una tradición y se convierte en una historia sobre personas rotas que empiezan a hacer algo bueno casi sin darse cuenta. Jesper quiere cumplir una meta por interés personal, pero las cartas, los juguetes y los pequeños actos de generosidad terminan cambiando a todo el pueblo.
La animación que parece hecha a mano, pero con magia moderna
Visualmente, Klaus también se siente especial. Aunque está hecha en 2D, utiliza herramientas de iluminación y textura que le dan una profundidad muy particular, como si cada plano tuviera volumen sin perder el encanto del dibujo tradicional. Tiene sombras cálidas, rostros expresivos y fondos que parecen sacados de un cuento ilustrado.
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El detalle importa porque la película habla de recuperar algo perdido. En una era donde casi toda la animación comercial tiende al acabado pulido, Klaus mira hacia atrás. Retoma la calidez del trazo tradicional y la combina con tecnología moderna para crear una imagen que se siente clásica desde la primera vez.
Klaus puede verse con niños, pero quizá la reciben distinto quienes ya han perdido algo, quienes saben lo difícil que es cambiar una rutina o quienes entienden que a veces hacer algo bueno por otra persona también es una forma de salvarse un poco. El golpe emocional viene recordarte que incluso la gente más fría puede volver a encender algo.