Orson Welles fue uno de los artistas más grandes y respetados del siglo XX gracias a su legado dentro de los medios de comunicación, entre ellos, el cine, pues se convirtió en todo un pionero y una de las figuras más importantes del séptimo arte. Considerado un talento revolucionario, Welles dejó una huella imborrable desde su primera película Ciudadano Kane, estrenada en 1941 y la cual es su película más famosa, considerada a la fecha por muchos como la mejor película de la historia.
Al iniciar su carrera desde muy joven a lo largo de los años Welles vio a llegar a nuevos cineastas a la industria, entre ellos Woody Allen, un nombre que comenzaba a tomar relevancia en la década de los sesenta como actor y director con sus primeras comedias que no solo recibieron el aplauso de la crítica, sino también el respaldo masivo de la industria. A pesar de este panorama, Orson Welles nunca aprobó ni el trabajo ni la personalidad de Allen, a quien criticó severamente.
Las fuertes declaraciones de Orson Welles hacia Woody Allen
Orson Welles no se mordió la lengua cuando tuvo que hablar sobre Woody Allen, que actualmente conocemos por títulos más modernos como Medianoche en París, Manhattan o Dos extraños amantes, pues durante una entrevista realizada en 1983 con su colega director Henry Jaglom, dejó en claro que estar cerca de Woody Allen provocaba en Welles una incomodidad difícil de disimular. Su disgusto no solo venía de cuestionar el tipo de humor que Allen hacía en el cine, sino su ego exagerado.
Odio a Woody Allen físicamente; me desagrada ese tipo de hombre. Sí, casi no soporto hablar con él. Tiene la enfermedad de Chaplin. Esa combinación de arrogancia y timidez me pone de los nervios.
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Dentro de esa misma conversación, Henry Jaglom cuestionó las afirmaciones de Welles y destacó que Allen era demasiado tímido como para ser descrito como arrogante.
Es arrogante. Como todas las personas con personalidades tímidas, su arrogancia es ilimitada.
"Cualquiera que hable en voz baja y se encoja en compañía es increíblemente arrogante. Actúa como si fuera tímido, pero no lo es. Tiene miedo. Se odia a sí mismo y se ama a sí mismo, una situación muy tensa. Somos personas como yo las que tenemos que seguir adelante y fingir modestia", añadió Welles.
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Un desprecio desmedido a su persona y su trabajo
"Creo que sus películas lo demuestran. Para mí, es lo más vergonzoso del mundo: un hombre que se muestra en su peor momento para provocar risas y así liberarse de sus complejos. Todo lo que hace en la pantalla es terapéutico", añadió el director de La dama de Shanghái.
Si bien puede parecer exagerado el odio hacia Allen, se cree que entre los cineastas existió algún tipo de problema personal más allá de un simple desagrado, todo esto sumado a la conocida hostilidad de Welles al momento de hablar sobre alguien. Mientras el resto de la industria elogiaba su trabajo, Welles miraba con desconfianza la figura de Allen y se negó rotundamente a sumarse a la admiración hacia él.