Hay películas que pasan a la historia por sus premios, otras por sus protagonistas y algunas porque durante décadas fue prácticamente imposible verlas como fueron concebidas. La mancha de sangre, estrenada en 1937, pertenece a esta última categoría: una producción mexicana que provocó la intervención de las autoridades de su época y terminó convirtiéndose en una de las películas más singulares de la historia del cine nacional.
Dirigida por Adolfo Best Maugard, la cinta sigue el romance entre una sexo servidora y un joven provinciano que acaba de llegar a la Ciudad de México. Su historia pronto se mezcla con el mundo criminal, pues el protagonista termina convirtiéndose en integrante de una banda de asaltantes.
Pero fue precisamente su tratamiento de la sexualidad lo que puso a la película en la mira de los censores.
Una película que fue secuestrada por el gobierno
En 1937, cuando La mancha de sangre pretendía ser exhibida, el gobierno mexicano intervino y secuestró la película. De acuerdo con la Filmoteca de la UNAM, las autoridades consideraron que algunas de sus escenas eran impropias y no aptas para el público.
La cinta permaneció retenida durante siete años. Cuando finalmente fue devuelta a sus propietarios, ya no era la misma: había sido mutilada por los cortes realizados durante el proceso de censura.
La historia no terminó ahí. La versión recortada consiguió exhibirse, aunque tuvo poco éxito. Con el paso del tiempo, la película comenzó a desaparecer de la memoria colectiva, mientras las escenas eliminadas contribuían a alimentar la leyenda alrededor de ella.
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El tiempo convirtió a 'La mancha de sangre' en un mito
La censura terminó teniendo un efecto inesperado. Aquello que las autoridades intentaron retirar de la mirada del público ayudó a construir el misterio alrededor de la película.
La Filmoteca de la UNAM explica que, después de aquella exhibición mutilada, La mancha de sangre fue diluyéndose en la memoria. Sin embargo, con el paso de las décadas, la cinta y su restauración recuperaron relevancia y comenzaron a presentarse incluso fuera de México, incluyendo recintos europeos como el Film Museum de Múnich, Alemania.
De esta manera, una película que en su momento fue considerada problemática terminó adquiriendo una dimensión histórica mucho mayor. Ya no solamente era una producción polémica de los años treinta, sino también un testimonio de cómo funcionaba la censura cinematográfica en México.
Una muestra de cómo se censuraba el cine mexicano
La mancha de sangre forma parte de una historia mucho más amplia. La Filmoteca de la UNAM explica que durante distintos periodos el cine mexicano enfrentó restricciones por motivos morales, políticos, sociales y religiosos.
Las autoridades podían impedir la exhibición de películas que consideraran perjudiciales para la imagen de instituciones como el gobierno, la Iglesia o el Ejército, además de aquellas que juzgaran impropias para el público.
Por eso, el caso de La mancha de sangre resulta especialmente interesante: detrás de la fama de sus escenas sexuales existe también una historia sobre los límites que se imponían al cine y sobre aquello que una sociedad estaba dispuesta —o no— a permitir que apareciera en pantalla.
Hoy, la película ocupa un lugar particular dentro de la cinematografía mexicana. Aquello que alguna vez provocó que fuera retirada, recortada y prácticamente condenada al olvido terminó contribuyendo a convertirla en una obra mítica del cine mexicano.