Hacer una película animada en México ya supone competir contra producciones que cuestan decenas e incluso cientos de millones de dólares. Pixar, Disney y DreamWorks pueden dedicar años enteros a una cinta con equipos gigantescos detrás, mientras los estudios mexicanos suelen trabajar con presupuestos mucho más reducidos. Carlos Carrera quiso jugar en ese mismo terreno, aunque las condiciones fueran completamente distintas.
El director de El crimen del padre Amaro llevaba además muchos años queriendo volver a la animación, el formato con el que había iniciado su carrera. Cuando apareció una pequeña historia escrita por Daniel Emil sobre una niña llamada Ana y sus extraños compañeros imaginarios, Carrera encontró finalmente el largometraje que quería hacer. Llevarlo a una pantalla grande terminó convirtiéndose en una aventura de 13 años.
'Ana y Bruno' comenzó con una historia de apenas unas cuantas páginas
El proyecto empezó a tomar forma alrededor de 2005 y 2006, cuando el productor Pablo Baksht buscaba una historia para desarrollar un largometraje animado. Daniel Emil apareció con un relato breve que terminaría creciendo durante aproximadamente cinco años de escritura y reescrituras. Carrera participó intensamente en ese proceso y llegó a realizar cerca de 4 mil dibujos para diseñar personajes, probar situaciones y encontrar la película antes de que comenzara la animación propiamente dicha.
Lo Coloco Films
La historia sigue a Ana, una niña que vive junto a su madre en una institución psiquiátrica y que comienza a convivir con una serie de criaturas imaginarias. Cuando siente que su mamá está en peligro, escapa para encontrar a su padre y en el camino se lleva consigo a Bruno y al resto de esos extraños personajes. Carrera quería hacer una película que los niños pudieran disfrutar, pero que también hablara sin rodeos de temas como la muerte, la ausencia, la familia, el duelo y la salud mental.
Sin embargo, la ambición también terminó complicando el financiamiento. Algunos inversionistas dudaban que una historia con esos temas pudiera funcionar para un público infantil, mientras el presupuesto necesario para alcanzar el nivel visual que Carrera buscaba era mucho mayor al de una producción mexicana convencional.
Un inversionista salió del proyecto y la película tuvo que detenerse durante dos años
La producción comenzó alrededor de 2010 y 2011 con la intención de terminar la cinta unos años después. Entonces uno de los inversionistas salió del proyecto y el dinero dejó de alcanzar. Carrera ha contado que la producción permaneció detenida aproximadamente dos años mientras buscaban una nueva manera de financiarla.
Lo Coloco Films
El problema tuvo otra consecuencia. Muchos de los animadores que habían comenzado a trabajar en Ana y Bruno encontraron oportunidades fuera de México mientras la película estaba parada. Carrera recordó que parte de ese equipo terminó trabajando en Australia, Inglaterra, Alemania y Japón. Cuando consiguieron retomar la producción, varios de esos artistas ya tenían una nueva vida profesional en otros países.
Ánima Estudios terminó incorporándose al proyecto y parte del trabajo se trasladó a un estudio en India, donde cientos de artistas participaron en la animación. El proceso tampoco fue sencillo: Carrera debía mantener una identidad visual muy particular mientras distintos equipos trabajaban a miles de kilómetros de distancia. La cinta finalmente quedó terminada en 2016.
Costó cuatro veces más que una película mexicana promedio
El presupuesto terminó rondando los 100 millones de pesos, una cifra extraordinaria para el cine mexicano de aquellos años. Carrera calculó que representaba alrededor de cuatro veces lo que costaba una película nacional promedio, aunque seguía siendo apenas una fracción de lo que podía gastar una gran producción animada internacional. El objetivo era conseguir una calidad capaz de competir fuera de México sin disponer de los recursos habituales de Hollywood.
Lo Coloco Films
Y el primer gran examen llegó lejos de casa. Ana y Bruno tuvo su estreno internacional en 2017 en el Festival de Annecy, uno de los encuentros más importantes del mundo dedicados a la animación. Después llegó al Festival Internacional de Cine de Morelia y comenzó un recorrido que terminó confirmando que aquella producción mexicana podía competir dentro del circuito internacional.
En 2018 ganó el primer Premio Quirino al Mejor Largometraje de Animación Iberoamericano, imponiéndose a producciones de otros países de la región. Un año después obtuvo también el Ariel a Mejor Largometraje Animado y recibió nominaciones por su guion adaptado y música original.
Su llegada a México
Cuando finalmente llegó a los cines mexicanos el 31 de agosto de 2018, habían pasado alrededor de 13 años desde aquellas primeras conversaciones. Cinco se habían ido en desarrollar el guion, varios más en conseguir dinero, producir, detenerse, volver a comenzar y encontrar quién pudiera terminar la animación.
Carrera alguna vez resumió el resultado con una frase mucho más sencilla: habían hecho "magia mexicana". Ana y Bruno terminó costando más, tardando más y complicándose mucho más de lo que cualquiera había imaginado. También consiguió algo que parecía todavía más difícil cuando empezó: demostrar que una película animada mexicana podía llegar a los festivales internacionales y competir de frente con producciones hechas bajo condiciones muy distintas.