Disney y Pixar tienen varias películas que cambian bastante cuando las vuelves a ver de adulto. Toy Story deja de ser únicamente una aventura de juguetes cuando empiezas a entender el miedo a quedarse atrás, mientras Intensamente pega de otra manera cuando reconoces que crecer también implica aprender a convivir con emociones incómodas.
Con Valiente ocurre algo parecido. Estrenada en 2012, la película presenta a Mérida como una princesa escocesa que disfruta montar a caballo, practicar tiro con arco y recorrer el bosque mucho más que prepararse para convertirse en la mujer que su reino espera. De niño, es fácil quedarse con la rebeldía y la aventura, pero de adulto, el verdadero conflicto está en la relación entre ella y su madre, la reina Elinor.
'Valiente' nunca fue solamente una historia sobre escapar de las reglas
Mérida quiere decidir su propio destino. Cuando descubre que tendrá que elegir esposo entre los hijos de tres clanes, desafía la tradición frente a todos y utiliza justamente aquello que mejor sabe hacer: dispara su arco para competir por su propia mano. Es una declaración de independencia, pero la película pronto toma otro camino.
Pixar
Después de una discusión con Elinor, Mérida recurre a una bruja y pide un hechizo que pueda "cambiar" a su madre. El resultado es mucho más literal de lo que esperaba: la reina termina convertida en oso. Madre e hija quedan entonces obligadas a escapar juntas y, por primera vez, pasan suficiente tiempo lejos del castillo como para empezar a mirarse de otra manera.
La idea nació además de una experiencia muy personal. Brenda Chapman, creadora original de la película y codirectora, se inspiró en la relación que tenía con su propia hija. La tensión entre Mérida y Elinor nunca fue simplemente un obstáculo para llevar a la protagonista hasta la aventura: era el centro desde el que se construyó la historia.
Cuando eres adulto, también empiezas a entender a Elinor
De niño, Elinor puede parecer simplemente la madre estricta que impide que Mérida haga lo que quiere. Le corrige la postura, le habla constantemente sobre deberes y quiere que acepte una boda que la joven ni siquiera pidió. Visto años después, su posición tiene matices: está intentando preparar a su hija para gobernar en un mundo donde una mala decisión puede romper la paz entre clanes enteros.
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Mérida también empieza a entenderlo durante el viaje. La película nunca le pide que renuncie a su personalidad ni que termine aceptando el futuro que habían diseñado para ella. El cambio ocurre en ambos lados: Elinor descubre que su hija necesita libertad para elegir y Mérida comprende que sus decisiones también afectan a quienes la rodean.
El hechizo funciona como metáfora. Al convertir a Elinor en oso, desaparece momentáneamente la reina impecable, la etiqueta y todas las reglas que habían levantado una pared entre ellas. Mérida tiene que cuidar a su madre, enseñarle a sobrevivir fuera del castillo y empezar a conocer a la persona que había detrás de aquella figura de autoridad.
Ser valiente también significa cambiar de opinión
La película termina regresando al mismo problema del comienzo, pero Mérida ya no intenta resolverlo únicamente escapando. Frente a los clanes habla, reconoce el daño provocado y propone otra manera de seguir adelante. El matrimonio deja de ser una obligación y ahora los jóvenes tendrán espacio para encontrar su propio camino.
Ahí está la parte que se entiende mejor al verla de adulto. Valiente habla de independencia pero también de aprender a reparar una relación sin que una persona tenga que ganar y la otra perder. Madre e hija cambian porque finalmente consiguen escucharse, algo bastante más complicado que acertarle al centro de una diana.