El western tiene suficientes clásicos como para convertir cualquier discusión en una pelea interminable. Los buscadores, Río Bravo, El bueno, el feo y el malo o Sin perdón podrían ocupar el primer lugar dependiendo de quién responda, y cada generación parece encontrar una manera distinta de mirar aquellos pueblos polvorientos, duelos y personajes que viven al margen de la ley.
En 2022, la revista Sight and Sound del British Film Institute volvió a realizar su famosa encuesta decenal y 480 directores de todo el mundo participaron eligiendo las mejores películas de la historia. 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick, quedó en lo más alto entre los cineastas. Cuando se revisan únicamente los westerns, el mejor situado pertenece a Sergio Leone.
'Hasta que llegó su hora' fue el western que llegó más alto
La película es Érase una vez en el Oeste, estrenada en 1968. En la lista de directores quedó alrededor del puesto 46 y superó a cualquier otro western incluido en la votación. Entre quienes la eligieron aparecen cineastas como Asghar Farhadi, Nicolas Winding Refn y Asif Kapadia.
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Leone venía de cerrar su famosa trilogía del dólar con El bueno, el feo y el malo, pero aquí hizo algo más grande y mucho más pausado. La historia sigue a Jill McBain, interpretada por Claudia Cardinale, quien llega al Oeste para comenzar una nueva vida y descubre que su familia ha sido asesinada. En medio quedan un misterioso pistolero conocido como Harmónica, un bandido llamado Cheyenne y Frank, un asesino contratado por intereses ligados al ferrocarril.
La cinta dura cerca de dos horas con 46 minutos y se toma todo el tiempo que necesita. Basta su famosa apertura: tres hombres esperan durante largos minutos en una estación casi vacía mientras escuchamos el viento, una mosca, una gotera y el ruido de un molino. El tren tarda en llegar, pero cuando finalmente aparece Charles Bronson con una armónica en la mano ya sabemos que algo está a punto de ocurrir.
Henry Fonda hizo algo que nadie esperaba de él
Uno de los grandes golpes de Leone fue convertir a Henry Fonda en villano. Hasta entonces, el actor estaba asociado con personajes nobles y rectos, desde Abraham Lincoln hasta Tom Joad. Aquí aparece como Frank, un hombre capaz de asesinar sin pestañear, y Leone quería precisamente que el público reconociera aquel rostro familiar antes de descubrir de lo que era capaz.
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Fonda ni siquiera estaba convencido de aceptar. Llegó a imaginar al personaje con bigote y lentes de contacto oscuros, intentando alejarse de su imagen habitual. Leone le pidió quitarse todo: quería que fuera exactamente el Henry Fonda que los espectadores conocían, solo que esta vez detrás de una mirada mucho más inquietante.
Y luego está la música. Ennio Morricone compuso y grabó buena parte de la banda sonora antes del rodaje, algo poco habitual. Leone llevaba esas piezas al set y las reproducía mientras preparaba las escenas para que los movimientos, las miradas y hasta el ritmo de los actores estuvieran conectados con la música. Morricone recordó años después que se enteró de que el director había utilizado sus composiciones directamente durante la filmación.
Más de medio siglo después sigue ocupando un lugar enorme
Érase una vez en el Oeste reúne prácticamente todo lo que hizo reconocible a Leone: primeros planos enormes, silencios que duran más de lo esperado, personajes que hablan poco y una violencia que puede aparecer en cuestión de segundos. También convirtió la llegada del ferrocarril en algo más que un simple fondo: el viejo Oeste está desapareciendo mientras los protagonistas intentan encontrar su sitio en el mundo que viene.
Que haya terminado como el western mejor colocado entre los votos de 480 directores resulta todavía más curioso porque no es una producción puramente estadounidense. Es una película italiana realizada con estrellas de Hollywood y con la mirada de un cineasta europeo que llevaba años reinterpretando los mismos westerns que había visto de joven. Más que copiar el género, Leone terminó devolviéndoselo a Hollywood transformado.