Hay directores cuya firma puede reconocerse incluso antes de que aparezca su nombre en los créditos. Explosiones enormes, cámaras que parecen no quedarse quietas, aviones cruzando la pantalla, héroes corriendo mientras todo a su alrededor se viene abajo y una escala que rara vez apuesta por la discreción. Michael Bay pertenece completamente a esa categoría.
Antes de convertir Transformers en una franquicia multimillonaria, el cineasta ya había demostrado con Bad Boys, La Roca y Armageddon que pocas personas en Hollywood entendían el espectáculo de acción a su manera. En 2001 recibió uno de los presupuestos más grandes de su carrera para trasladar ese estilo a un episodio histórico que cambió el rumbo de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
Michael Bay llevó su estilo hasta la Segunda Guerra Mundial
La película es Pearl Harbor, la superproducción protagonizada por Ben Affleck, Josh Hartnett y Kate Beckinsale que actualmente puede verse en Disney+ en México. Son tres horas y tres minutos de romance, drama y guerra construidos alrededor del ataque japonés a Pearl Harbor del 7 de diciembre de 1941.
Touchstone Pictures
Rafe McCawley y Danny Walker son amigos desde niños y terminan convirtiéndose en pilotos militares. En medio de la guerra aparece Evelyn, una enfermera interpretada por Beckinsale que termina conectando sentimentalmente con ambos. Pero cualquier conflicto personal pasa a segundo plano cuando los personajes quedan atrapados en uno de los ataques militares más importantes del siglo XX.
Disney puso alrededor de 140 millones de dólares sobre la mesa para hacer realidad la película, una cifra gigantesca para comienzos de los 2000. La apuesta terminó recuperándose: Pearl Harbor recaudó aproximadamente 449 millones de dólares en todo el mundo. Pero los números no explican por completo por qué sigue siendo una película tan fácil de recordar.
Una secuencia de casi 40 minutos hecha para verse con el volumen arriba
El verdadero músculo de Pearl Harbor aparece cuando Michael Bay finalmente llega al ataque. Durante cerca de 40 minutos, la película despliega aviones, barcos, explosiones, soldados y enormes movimientos de cámara para recrear el bombardeo con una escala que incluso hoy resulta difícil de ignorar.
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No todo salió de una computadora. El equipo combinó barcos y aeronaves reales, especialistas, explosiones prácticas y efectos digitales para construir la secuencia. Los responsables de efectos pasaron alrededor de un mes preparando parte de la flota para las escenas de destrucción. En su estreno, Los Angeles Times destacó precisamente la mezcla entre aeronaves auténticas, barcos, stunts y efectos especiales utilizada para levantar el ataque.
Fue destrozada por parte de la crítica, pero Hollywood terminó premiando algo que hace especialmente bien
Pearl Harbor nunca fue una película que generara consenso. Rotten Tomatoes registra actualmente apenas 24 por ciento de aprobación entre críticos, frente a un 66 por ciento entre el público, una diferencia que resume bien la relación que ha tenido con los espectadores durante más de dos décadas.
El romance y su enorme duración fueron blanco frecuente de críticas, pero incluso entonces resultaba complicado discutir la ambición técnica de la producción. La Academia terminó nominándola por sonido y efectos visuales, y George Watters II y Christopher Boyes ganaron el Oscar a Mejor Edición de Sonido por su trabajo en la cinta.
Quizá por eso Pearl Harbor sigue funcionando bien como película para volver a descubrir en casa. No es una reconstrucción histórica pequeña ni pretende serlo: es Michael Bay utilizando barcos, aviones, estrellas de Hollywood, música de Hans Zimmer y millones de dólares para hacer que un episodio ocurrido en 1941 se sienta como una gigantesca película de acción.