La migración, la destrucción de los bosques y la ambición humana se cruzan en El jardín que soñamos, el largometraje de Joaquín del Paso que compite en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) 2026. Durante la conferencia de prensa de la película, el director explicó cómo surgió la historia y por qué era importante mostrar en pantalla una realidad que suele permanecer lejos de nuestra mirada.
La idea comenzó en 2021, en plena pandemia, cuando las fronteras entre México y Estados Unidos permanecían cerradas y el flujo migratorio que atraviesa el país se había detenido.
Al mismo tiempo, las noticias sobre la disminución de la población de mariposas monarca, relacionada con la pérdida de bosques y el cambio climático, llevaron al cineasta a conectar dos fenómenos aparentemente distintos.
Gobierno de México.
Para mí surgió esta idea que hablara de dos migraciones que se unen en un solo punto.
,explicó Del Paso. Por un lado, está el recorrido de las mariposas monarca de norte a sur; por el otro, el de una familia haitiana que viaja de sur a norte. Ambas historias coinciden en un bosque que también enfrenta las consecuencias de la ambición humana.
La Jornada
¿Por qué Joaquín del Paso quiso mostrar la tala de árboles en ‘El jardín que soñamos’?
Para el director, uno de los objetivos del largometraje era ofrecer una perspectiva distinta de la migración, alejándose de la mirada habitual desde México para contar la historia a través de una familia haitiana. Al mismo tiempo, buscaba que la naturaleza tuviera un papel central en la película, más allá de funcionar como un simple escenario.
Por eso, las escenas de tala eran fundamentales. Del Paso quería mostrar de manera explícita cómo se derriban los árboles y qué hay detrás de la madera que termina convertida en muebles y otros objetos de uso cotidiano.
Tenemos en nuestras casas madera, muebles, ¿de dónde vienen, cuál es el proceso que se hace para llegar a ese punto?
,planteó el cineasta al explicar su intención. La investigación le permitió conocer de cerca el proceso de tala y comprender la violencia que puede implicar la destrucción de los bosques.
La primera vez que vi cómo derribaban un árbol durante la investigación, hay algo que se te rompe y ese es el sentimiento que yo quería transmitir.
Llevar estas imágenes a la pantalla no fue sencillo. Según explicó, la producción tuvo que recurrir a distintas herramientas cinematográficas y contó con el apoyo de comunidades dedicadas al aprovechamiento forestal autorizado. Estas permitieron que el equipo retratara un entorno marcado por la tala ilegal y la presencia de grupos organizados, una problemática que también afecta a quienes trabajan legalmente en los bosques.
¿Cómo fue trabajar con las niñas de la película?
Durante la conferencia en el FICM 2026, Joaquín del Paso también habló de su experiencia trabajando con las niñas que forman parte del largometraje. El director describió como un placer el rodaje con Kima, así como el resto de las niñas, y destacó la conexión que logró establecer con ellas desde el inicio.
The Main Cinema
Sobre la niña más pequeña, comentó que tenía una gran capacidad para desenvolverse frente a la cámara y que su presencia regaló al equipo momentos especiales durante la filmación.
Con El jardín que soñamos, Del Paso reúne una historia de migración con una preocupación ambiental que surgió de observar dos realidades al mismo tiempo. Su intención, explicó, era mostrar cómo las personas y la naturaleza pueden encontrarse en un mismo territorio mientras enfrentan las consecuencias de la explotación y la ambición humana.