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    Ad Astra: Hasta las estrellas
    Críticas
    3,5
    Buena
    Ad Astra: Hasta las estrellas

    Una pausada odisea existencial al espacio

    por Carlos Gómez Iniesta
    La comparación de Ad Astra de James Gray (The Lost City of Z) con Interestelar es casi inmediata. Roy McBride (Brad Pitt) también tiene un matrimonio en serios conflictos, hay un desafiante viaje por el espacio y hay asuntos no resueltos con papá... 

    Esa primera comparación es la más fácil. Sin embargo, y a pesar de que se trate de vender como si fuera una prima de Gravedad a través de su trailer, la verdad es que se acerca más a Europa Report o a La delgada línea roja en cuanto a cuestionamientos filosóficos y tempo. Incluso en la redención al estilo de la reciente El primer hombre en la Luna. Esto no debería de asustar al cinéfilo comprometido y quizá sí al que sólo busca acción espacial, pues seguimos en la tendencia de que los viajes interestelares en el cine son más de introspección que de aventura (como lo prueban los filmes antes mencionados). McBride no está en la travesía hacia el último planeta del Sistema Solar porque esté convencido de hacerlo, pero la larga misión que podría reencontrarlo con su padre (Tommy Lee Jones) lo lanzará a un viaje de autoanálisis que lo hará enfrentar a sus propios demonios. Decepcionado de la vida, de vivir eclipsado, con nula facultad de soprenderse o sentir amor, su voz en off nos subraya que lo que pasa en el exterior no es tan importante como lo que está pasando en el interior de su cabeza. Con cuestionamientos y diálogos internos, el director neoyorquino aprovecha para hacer un plateamiento existencial que cuestiona el proyecto de la humanidad, su salvación y sus razones de conquistar el espacio exterior. Es notable aquella secuencia –quizá la de más acción de toda la película– en la que los autos lunares son atacados por piratas. Hay disparos, muertes, explosiones, mientras él está pensando: "Ahí vamos otra vez, peleando por los recursos", haciendo referencia a la infinita codicia humana que no conoce planetas. 

     


    El viaje también funciona para hacer una interesante gala de ambientes del Universo y el futuro cercano –buena dirección de arte de Kevin Thompson (Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia)– donde hay detalles influenciados por  2001: Odisea del espacio. También hay apariciones, y me parece que así es correcto llamarlas, de un conjunto de actores indivisibles a otras aventuras del espacio pero que no se prestan para el juego meta por tomarse demasiado serio a sí mismos. No es queja, pero es imposible no pensar en Liv Tyler esperando a sus astronautas en Armageddon o en Donald Sutherland y Tommy Lee Jones después de haber vivido la aventura de Jinetes del espacio. Es entonces que Brad Pitt carga sobre sus hombros todo el peso de la humanidad, de la ciencia, del espirítu humano y, claro está, de la película. Y ese fino trabajo garantiza que el de Oklahoma esté muy presente en la época de premiación gracias a ésta o a Había una vez... en Hollywood de Quentin Tarantino. Va por su cuarta nominación. 

    La pesadez con que aquí se mueve todo tiene cierta justificación. No tendría el mismo impacto si se navegara con velocidad, pues es la odisea de un simple humano ante la más atemorizante inmensidad. Es también un interesante contraste que compara la distancia entre planetas con la lejanía emocional que se puede tener de los seres queridos y la posibilidad de una última reunión que permita sanar. Hacía el tercer acto, el guión tiene un interesante truco que nos hace dudar de las reacciones del aislamiento y la locura: ¿A partir de ese momento todo es alucinación? ¿Realmente se llegó a donde ningún humano ha llegado? ¿Hubo un reencuentro que permitió solucionar las carencias del hijo? Si es así, se le perdona esa secuencia en donde brinca de nave en nave entre los anillos de Urano para cumplir con la misión...  De lo contrario, la introspección filosófica de Ad Astra correría el riesgo de ser sumamente frágil incluso en la belleza de la infinitud del cosmos. 

    James Grey dirigiendo a Brad Pitt.

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