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    El Conjuro 3: el diablo me obligó a hacerlo
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    El Conjuro 3: el diablo me obligó a hacerlo

    Se acabó el conjuro

    por Tamara Cuevas

    El Conjuro: El diablo me obligó a hacerlo no es nada parecido a lo que hemos visto en la franquicia de horror que comenzó en 2013... y no sé qué tan bueno sea eso. La tercera entrega del universo que comenzó James Wan hace ocho años, nuevamente tiene como protagonistas a Ed y Lorraine Warren, interpretados por Patrick Wilson y Vera Farmiga, quienes atienden el llamado de la familia Glatzel: su pequeño hijo de 10 años ha sido poseído por una entidad demoníaca y las cosas en casa cada vez son más amenazantes.

     

    Lo que parece un exorcismo de rutina, se convierte en el caso conocido mundialmente como "El diablo me obligó a hacerlo" de 1981. Durante el exorcismo que practican los demonólogos, la entidad diabólica que intentan combatir dentro del cuerpo del pequeño David Glatzel (Julian Hilliard) cambia de huésped y se aloja en Arnie Cheyenne Johnson (Ruairi O'Connor), quien en ese momento presenció el ritual y enfrentó al demonio, invitándolo a tomar su cuerpo a cambio de abandonar el de su pequeño cuñado.

    Cuando el exorcismo termina, parece que todo regresa a la normalidad hasta que Arnie ataca abruptamente a su casero Bruno (Ronnie Gene Blevins) y lo mata a puñaladas. Para Lorreine y Ed, el chico estaba poseído al momento de cometer el homicidio, por lo que se embarcan en una investigación casi judicial para comprobar que Arnie no estaba consciente de lo que hacía.

     

    Es así como El Conjuro 3 se aleja de sus orígenes como la película de horror perfecta en los blockbusters de la década, para acercarse un poco más a historias que hemos visto previamente en películas como El exorcismo de Emily Rose, donde lo paranormal se encuentra con la realidad en una corte.

    La primera parte de El Conjuro dejó asombrada a la crítica porque abrió una brecha en el horror comercial; la cinematografía y la creatividad de Wan eran complementos perfectos para enriquecer una trama que si bien tenía jumpscares, se tomaba su tiempo para, al menos, construir atmósferas dignas de una película de horror. No obstante, en El Conjuro: El diablo me obligó a hacerlo es evidente la falta de James Wan al frente del proyecto, que esta vez cae en manos del director Michael Chaves, quien dirigió también La maldición de la Llorona en 2019.

    La tensión en esta nueva entrega es desaprovechada en pos del jumpscare acompañado de un diseño sonoro muy bien logrado, pero la historia de Ed y Lorraine se siente vacía, convirtiéndose en un juego del gato y el ratón. Aunque tampoco es motivo de que nos tiremos al suelo a llorar, es un poco decepcionante el rumbo que tomó El Conjuro 3. El horror ha evolucionado a pasos agigantados desde que vio la luz la primera parte de esta historia y hoy el género goza de una nueva ola (con producciones como La Bruja, Hereditary, The Dark and the Wicked, entre otras) que eclipsa a cualquier película de horror de fórmula; el universo de James Wan se durmió en sus laureles, como dice el dicho. 




    Las historias de El Conjuro ha tenido aciertos y desaciertos, pero incluso los pequeños pasajes de una de sus partes más débiles como lo fue el spin-off de Annabelle resultaron ser más propensas a causar un impacto real en el espectador, en especial aquella secuencia de Mia en la terraza de su edificio, en la que un demonio la acecha en la oscuridad.

    El Conjuro: El diablo me obligó a hacerlo cuenta con las apariciones de Patrick Wilson y Vera Farmiga, y sus actuaciones resultan tan impactantes como en la primera entrega, lo único que esta vez hizo falta fueron escenarios donde pudieran expandir los arcos dramáticos que venían construyendo desde hace 8 años.

    Si bien esta nueva entrega puede que no satisfaga por completo a los amantes del horror que construye a ritmos lentos sus atomósferas, El Conjuro: El diablo me obligó a hacerlo tiene en algunos rincones la esencia de lo nos atrajo a su primera película en el 2013, por lo que es seguro que saltes de tu butaca en más de una ocasión y, además, quedarás completamente complacido con los tintes de historia de amor entre los demonólogos más conocidos del mundo.  

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