Leto, Un verano de amor y rock
Críticas
4,0
Muy buena
Leto, Un verano de amor y rock

Una carta de amor a la música

por Tamara Cuevas

La primera escena de LETO, Un verano de amor y rock resume a la perfección el espíritu de la película: A mediados de la década de los 80, tres chicas se cuelan por el baño de hombres a un concierto de rock en Rusia. Dentro de la sala, todos los asistentes permanecen sentados y la cámara del director, Kirill Serebrennikov (El discípulo, 2016), enfoca varios momentos en que la seguridad del evento reprime – de manera educada – cualquier muestra de afecto hacia la banda, incluso cualquier movimiento que indique que los espectadores están pasándola bien. El rock podía ser cualquier cosa en América, pero en la gran URSS se quería dar a entender que el género podía tener fanáticos que no fueran vagos o alcohólicos mal portados.

Esa era la Rusia del siglo XX y durante esos turbulentos tiempos dos de las personalidades más importantes del rock soviético cruzarían caminos: Victor Tsöi y Mike Naumenko. El primero, una estrella naciente. El segundo, un guardia de seguridad que se transforma en algo sí como Bob Dylan cuando sube al escenario con su banda "Zoopark". Ninguno de ellos encaja exactamente en el perfil de un rockero – el talento lo tienen, pero sus vidas son de lo más rutinarias y aburridas, salvo por su elección de amistades: punks, rockeros, filósofos o, simplemente, vagos obsesionados con David Bowie, Blondie y T.Rex.  

Aunque la primera mitad de la cinta es una monografía de cómo se vivía el rock en la URSS en la década de los 80, pronto se convierte en una película sobre un triángulo amoroso. Mike, interpretado por el músico Roma Zver, está casado y es padre de un pequeño por el que no tiene mucho interés. Vive en un pequeño departamento – siempre lleno de gente – con Natalia (Irina Starshenbaum), su esposa desde hace varios años. La vida de la pareja cambiará con la entrada de Victor (Teo Yoo), pues mientras Mike, como buen rockero veterano, intenta impulsarlo a la cumbre de su carrera, Natalia se enamora de él.




La película está filmada en blanco y negro, con varias irrupciones de color que se dan, específicamente, cuando Mike, Natalia, Victor y sus demás amigos se encuentran juntos. Al color lo acompañan también varios números musicales “improvisados”. Dicha estrategia se aprovecha para romper la cuarta pared y para demostrar el lazo tan profundo que tienen la música y el ser humano. Un ejemplo de ello es el cover que se hace de “Perfect Day”, de Lou Reed, luego de que Natalia y Mike acepten que hay problemas en el paraíso.  

Aunque la cinta está situada en la década de los 80 – poco tiempo antes de que la URSS cayera – su espíritu se siente contemporáneo debido a la represión que aún se vive en Rusia, la cual alcanzó Kirill Serebrennikov casi terminando las grabaciones de LETO, cuando fue acusado por el gobierno de Putin de haber desviado varios millones de dólares.

LETO es, sin duda, una carta de amor a la música y los riesgos que se han de tomar para probar aunque sea una pizca de la libertad que ésta nos da – ahí están las chicas que entran ilegalmente al concierto de "Zoopark" en la primera escena o el propio Kirill terminando un proyecto cinematográfico aunque estuviera en arresto domiciliario, todo por el amor al rock y al séptimo arte.

 

Kirill Serebrennikov dirigiendo a Roma Zver.
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