La paloma y el lobo
Críticas
3,0
Entretenida
La paloma y el lobo

Un doloroso amor diluido

por Uriel Linares

Cada vez que decidimos tocar el tema del amor y la mágica conexión que le rodea terminamos por despertar demonios ocultos en los más profundo de nuestra mente y… nuestro corazón. Este es el camino principal de La paloma y el lobo, ópera prima de Carlos Lenin quien, a través de una bella y rigurosa propuesta visual, nos cuenta su perspectiva del amor, la sangrienta realidad de México y la dureza del día a día; porque vivir no es tan sencillo como pareciera.


La historia sigue la relación de Carlos (Armando Hernández) y Paloma (Paloma Petra), quienes luchan económicamente con trabajos que no valoran su esfuerzo diario y con una peculiar condición: en su barrio no hay una sola gota de agua
, detalle que incrementa el dramatismo conforme avanza la trama, sumando las altas temperaturas de su natal Monterrey, Nuevo León; este drama alcanza niveles oscuros al ser narrada desde una cruda y desesperanzada perspectiva humana.


 


 

Los primeros largometrajes de muchos cineastas pueden funcionar para encontrar estilos, pulir técnicas narrativas y, de alguna manera, darse a conocer dentro de esta complicada industria artística, pero de alguna manera pareciera que Carlos Lenin y su equipo de producción llevan décadas cuidando aspectos visuales y sonoros. Ésta no parece su ópera prima -aunque lo sea- sino su tercera o cuarta película. El cuidado en cada escena y la preocupación por adentrar al espectador en una angustia atmósfera es notable y plausible.


Es importante darle un espacio exclusivo a Diego Tenorio, cinematógrafo de esta película. El minucioso cuidado de sus encuadres acompañados de un dramático arte de iluminación logra sorprender a quien esté frente a la pantalla desde el primer instante. Por supuesto esto es acompañado de actores que saben moverse frente a una cámara de cine, modulando voz y acomodando gestos. En esta situación cada reflejo y destello de luz tienen un valor especial en la producción, sólo es cuestión de querer notarlos.




Sin embargo, el ritmo implícito del libreto plantea un ritmo lento y una tenue problemática. Es verdad que hablar del amor rodeado de problemáticas sociales siempre da mucho de qué hablar, pero La paloma y el lobo se decidió por abordar demasiados temas a la vez sin tener un atractivo desarrollo para cada uno de ellos. Sí, la película da la impresión de ser más larga de lo que es en realidad y en algún punto llega la temida pesadez.


Esto último podría ser el único elemento que podría recriminarse al aún joven Carlos Lenin, no obstante, el trabajo inmerso en el sonido directo, diseño de arte y post-producción, levantan la mano para reafirmarse como una película atrevida que habla de amor a través de una sensible mirada trágica. Sus personajes tienen la valía de convertirse en un par de ojos enormes que ven y juzgan directamente al México de toda la vida, pero que en los últimos años se ha degradado y entre estos mares trágicos, el amor y la calidez humana siguen buscando sobrevivir y anteponerse a cualquier cosa. Una valiente ópera prima, Carlos Lenin ha demostrado que es un joven con hambre de contar historias, no perdamos rastro alguno de este joven cineasta.

 



La paloma y el lobo se estrena en México en el FICM (Festival Internacional de Cine de Morelia).

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