Comienza la producción de la película que Chizuru tanto anhela. Kazuya, asumiendo el rol de productor, se entrega por completo para que el rodaje sea un éxito. Sin embargo, al observar a Chizuru desenvolverse con naturalidad frente a las cámaras, entre luces, equipos y profesionales del medio, él toma conciencia del abismo que separa sus respectivos mundos. Mientras ella brilla en su elemento natural, la actuación, él solo puede mirar desde afuera, atrapado entre la admiración y la inseguridad. La distancia entre un estudiante corriente y una actriz en formación se vuelve más evidente que nunca, justo cuando sus sentimientos por ella se han vuelto innegables.