Si te gusta el giro que están teniendo las historias de rebeliones -como 'Star Wars'- y las películas de superhéroes -como promete serlo 'Avengers: Doomsday'-, lo cierto es que se lo debemos a esta historia.
El cine de superhéroes y la ciencia ficción han sido dos de los grandes motores de innovación para el lenguaje cinematográfico, ya que ambos géneros empujaron los límites técnicos del cine. En este terreno, sagas como Star Wars resultan fundamentales si consideramos que desde 1977, la creación de George Lucas transformó la manera de concebir los mundos ficticios e incluso introdujo un nuevo estándar en efectos especiales, diseño sonoro y construcción de universos.
El cine de superhéroes, particularmente a partir del auge de Marvel Studios en el siglo XXI, continuó esa revolución tecnológica, y con la consolidación del CGI avanzado o la captura de movimiento, la previsualización digital y la producción virtual, llevó hazañas imposibles a la pantalla.
Además Marvel perfeccionó el modelo de una franquicia interconectada, mientras que Star Wars vivió su propio reboot bajo Disney, adaptándose a nuevas generaciones.
La historia de superhéroes que lo
transformó todo
Sin embargo, sería un error histórico afirmar que estos cambios de paradigma surgieron por sí mismos, ya que si bien Marvel y Star Wars redefinieron sus universos a lo largo de la primera y segunda década del 2000, una serie de comic books había alterado de forma irreversible la manera de entender el género de la ciencia ficción, desde 1986.
Aunque su origen está en el cómic y no en el cine, su influencia conceptual es profunda y transversal, dado que esta historia demostró que la ciencia ficción y los superhéroes podían ser incómodos y ruines, sin perder el espectáculo mostrado al público.
Por supuesto hablamos de Watchmen, los vigilantes, que originalmente fue una serie limitada de cómics compuesta por 12 números, publicada por DC Comics entre 1986 y 1987, creada por el guionista británico Alan Moore, el dibujante Dave Gibbons y el colorista John Higgins. Su origen se remonta a una propuesta inicial de Moore para trabajar con personajes adquiridos por DC tras la compra de Charlton Comics -como The Question y Captain Ato-, pero ante la negativa editorial a comprometer personajes preexistentes en una historia definitiva, el autor optó por desarrollar figuras originales inspiradas en ellos, dando lugar a Rorschach, Doctor Manhattan y Nite Owl.
El estatus de Watchmen, los vigilantes en la literatura gráfica no se explica únicamente por su argumento, sino por una complejidad técnica y formal sin precedentes en el medio. Uno de sus elementos más distintivos es el uso sistemático de la retícula de nueve viñetas, que provoca una estructura rígida de tres por tres, dominante la mayor parte de la obra y relevante porque impone un ritmo narrativo preciso -casi matemático- para el lector, que permite controlar el tiempo, la tensión y las transiciones con una regularidad inusual en un cómic comercial.
Entre otras cosas, su simetría visual alcanza su punto más alto en el número cinco, titulado Fearful Symmetry, donde la primera página refleja visualmente a la última, la segunda a la penúltima, y así sucesivamente, hasta converger en una doble página central con un nivel de planificación que consolidó a Watchmen como una obra de culto.
La llegada de 'Watchmen' al cine
En términos históricos, Watchmen se inscribe en el cierre de la llamada Edad de Plata del cómic y, junto con The Dark Knight Returns de Frank Miller, marca el inicio de una etapa más oscura, conocida como la Edad de Cobre u Oscura.
Asimismo, la historia está profundamente arraigada en la geopolítica de la Guerra Fría, utilizando el Reloj del Juicio Final -símbolo real del Bulletin of the Atomic Scientists- como metáfora constante de la amenaza nuclear y la fragilidad del equilibrio global.
En el ámbito cinematográfico, Watchmen tardó años en llegar al cine al ser considerada prácticamente "infilmable" debido a su densidad temática, su compleja estructura narrativa y su naturaleza eminentemente literaria. Sin embargo, esta percepción cambió en 2009 cuando Zack Snyder llevó la historia a la gran pantalla, estableciendo un punto de inflexión en la estética y el enfoque del cine de acción contemporáneo.
La película de Snyder demostró que el público estaba preparado para un cine de superhéroes más oscuro, violento y políticamente cargado de matices que referenciaban a la realidad, alejándose por completo del tono luminoso y optimista que predominaba hasta entonces.
Su propuesta visual, marcó un hiperrealismo estilizado y el uso expresivo de la cámara lenta dejó una huella duradera que posteriormente sería replicada en múltiples producciones del género. Pero mas allá de lo visual, su mayor aporte fue la desmitificación del héroe con personajes como Rorschach o el Comediante, quienes obligaron al espectador a confrontar la ambigüedad moral de los vigilantes, en una línea temática que después sería explorada con mayor profundidad en obras como la trilogía de Batman de Christopher Nolan o la serie The Boys.
Además la relevancia cinematográfica de Watchmen también se extiende al terreno industrial, dada la disputa pública entre Alan Moore y Warner Bros. en torno a los derechos de la obra y la fidelidad de sus adaptaciones.
Aunque Moore ha rechazado cualquier versión audiovisual de su trabajo, tanto la película de 2009 como la serie de HBO de 2019 -concebida como una secuela-, gracias al trabajo de Snyder se elevaron las expectativas sobre lo que una adaptación de cómic puede y debe ofrecer en términos de complejidad temática y ambición narrativa.
Sin temor a exagerar, intentar comprender el panorama cinematográfico contemporáneo -marcado por antihéroes, narrativas fragmentadas, multiversos en decenas de tramas, y una fuerte carga de crítica social en cada una de ellas- sin reconocer el precedente establecido por Watchmen sería un error, ya que su influencia obligó al cine de ciencia ficción y de superhéroes a evolucionar. Hoy puedes encontrar esta historia en Apple TV+.