El thriller futurista que redefinió el género y sigue siendo imprescindible hoy
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

El thriller futurista que redefinió el género y sigue siendo imprescindible hoy

La ciencia ficción vive un momento brillante. En los últimos años hemos tenido obras que combinan espectáculo con reflexión profunda: Interestelar nos llevó más allá de los agujeros negros y nos rompió el corazón; Blade Runner 2049 convirtió el silencio y la lluvia en poesía visual; y Ex Machina nos hizo cuestionar si la inteligencia artificial realmente necesita permiso para volverse consciente.

Son películas elegantes, densas y filosóficas. De esas que te dejan pensando en el destino de la humanidad mientras miras al techo. Pero antes de que existieran estos referentes modernos, hubo una cinta que marcó el camino con menos presupuesto, más tensión y una idea que todavía da escalofríos.

Hablamos de Terminator. La de "volveré", del androide imparable y la que convirtió a un entonces poco conocido Arnold Schwarzenegger en un icono cultural. Por supuesto, consolidó a James Cameron como un director obsesionado con el futuro y las máquinas.

Cuando el futuro vino a cazarnos

La premisa es sencilla y aterradora: una máquina asesina es enviada desde el futuro para eliminar a Sarah Connor, la mujer cuyo hijo liderará la resistencia humana contra las inteligencias artificiales. No hay discursos largos, no hay explicaciones científicas complejas, solo persecución constante.

Lo brillante de la película es que mezcla el thriller puro con una idea futurista que en los 80 sonaba lejana y que hoy ya no parece tan descabellada. La automatización, la dependencia tecnológica y el miedo a que nuestras propias creaciones nos superen. Todo eso estaba ahí, décadas antes de que el debate sobre la IA fuera cotidiano.

Acción con nervio y concepto

Mientras muchas cintas actuales apuestan por el espectáculo digital, Terminator funciona con tensión práctica. Calles oscuras, persecuciones crudas y efectos especiales que, pese al paso del tiempo, mantienen su encanto.

Además, redefinió el arquetipo del villano futurista. Hasta entonces, la amenaza tecnológica no había tenido un rostro tan físico, tan contundente. Schwarzenegger, con su presencia casi mecánica, parecía diseñado para el papel.

Y Sarah Connor, interpretada por Linda Hamilton, pasó de ser una mujer común a símbolo de resistencia. Un arco de transformación que luego inspiraría incontables heroínas en el cine de acción.

¿Por qué sigue siendo imprescindible?

Porque no es solo nostalgia, es influencia real. Sin Terminator, difícilmente existirían muchas de las historias modernas sobre rebeliones tecnológicas o futuros distópicos.

La película demostró que la ciencia ficción podía ser comercial, intensa y filosófica al mismo tiempo. Que no necesitaba grandes explicaciones para dejarte pensando. Hoy, en una era donde la inteligencia artificial ya no es ficción, revisitarla se siente casi profético. Lo que antes parecía exageración ahora suena como advertencia.

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