"En cuanto a dinero no estoy ni cerca de ella": el día que Viola Davis comparó su carrera con Maryl Streep para mandar un contundente mensaje al mundo
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Los premios son importantes pero no cuentan toda la historia. Viola Davis no solo ha construido una de las carreras más respetadas, también ha tenido el valor de decir en voz alta lo que pocos.

Hablar de Viola Davis es hablar de talento en estado puro y de presencia. De una actriz que llena la pantalla incluso cuando guarda silencio. Su trayectoria es sólida, respetada, premiada y perfectamente comparable con la de Meryl Streep.

Pero hay algo incómodo en esa comparación. Porque aunque ambas han construido carreras impresionantes, el reconocimiento no siempre ha sido igual. Ni en oportunidades, ni en salario, ni en la forma en que la industria las coloca en el mapa. Y fue precisamente eso lo que Davis señaló sin rodeos cuando lanzó una reflexión que todavía resuena.

Una carrera construida a pulso

En 2018, durante la cumbre "Women in the World", Davis tomó el micrófono y habló con una claridad que pocas veces se escucha en ese tipo de foros. Recordó que ha ganado el Oscar, el Emmy y dos premios Tony, que ha trabajado en Broadway, en producciones fuera de Broadway, en televisión y en cine. Que su preparación profesional fue tan exigente como la de muchas colegas blancas con trayectorias similares.

Sin embargo, explicó que, pese a compartir un nivel comparable de formación y logros con figuras como Meryl Streep, Julianne Moore o Sigourney Weaver, las diferencias salariales y de oportunidades siguen siendo enormes. En esencia, su mensaje fue directo: si la industria insiste en llamarla "única" o compararla con las más grandes, entonces debe pagarle y tratarla como tal.

Una carrera construida con talento y paciencia

La trayectoria de Davis no es fruto del azar. Se ha ganado cada reconocimiento. En 2008 recibió su primera nominación al Oscar por La duda, dirigida por John Patrick Shanley. Su papel no era largo, pero fue demoledor. En pocos minutos dejó claro que estaba en otra liga.

Más tarde llegó Historias cruzadas, bajo la dirección de Tate Taylor, que le dio una nueva nominación. Ahí mostró una mezcla de fortaleza y vulnerabilidad que pocos actores consiguen transmitir sin exagerar. Más tarde en Prisioneros de Denis Villeneuve, volvió a destacar como actriz de reparto.

Finalmente, con Fences, dirigida por Denzel Washington, ganó el Oscar a Mejor Actriz de Reparto. Un triunfo que muchos consideraron inevitable porque su talento ya era indiscutible.

El problema no es el talento

Lo que Davis puso sobre la mesa no tiene que ver con quién actúa mejor. Tiene que ver con estructuras. Con quién recibe los grandes presupuestos, quién negociar mejores contratos y quién obtiene papeles protagonistas escritos pensando en su rango interpretativo.

Durante años, Hollywood ha celebrado a Viola Davis como excepcional. Pero el reconocimiento simbólico no siempre se traduce en igualdad real. Y eso es lo que ella decidió evidenciar.

Compararse con Meryl Streep no fue un acto de arrogancia. Fue hablar con la verdad. Viola Davis no solo ha construido una de las carreras más respetadas de su generación. También ha tenido el valor de decir en voz alta algo que muchas saben y pocas se atreven a expresar: el talento merece reconocimiento y también merece equidad.

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