Si te antoja una aventura enorme, llena de fantasía, batallas imposibles y con el sello visual de uno de los directores más impresionantes de las últimas décadas, aquí tienes una opción muy clara.
Hay directores que hacen películas. Y hay otros que, más bien, parecen pintar con movimientos. Cada encuadre suyo se siente cuidado, coreografiado y hermoso que uno podría pausar la imagen en cualquier momento y colgarla en la pared como si fuera una obra de museo. Pasa con muy pocos como Martin Scorsese, Quentin Tarantino y Christopher Nolan.
En esa categoría entra Zhang Yimou, uno de esos cineastas que hicieron del color, la composición y la acción algo casi hipnótico. Basta pensar en Hero o La casa de las dagas voladoras para entender por qué su nombre sigue cargando ese prestigio "maestro visual" sin que suene exagerado.
Una aventura descomunal con una muralla y algo peor que un ejército
Justo una de sus apuestas más ambiciosas fue La gran muralla, una película de aventuras y fantasía con un presupuesto de 150 millones de dólares, protagonizada por Matt Damon, Jing Tian, Pedro Pascal, Willem Dafoe y Andy Lau. La cinta está disponible en HBO Max en México y también aparece con opciones de renta o compra en otras plataformas.
La premisa no se anda con medias tintas. La historia sigue a dos mercenarios europeos que llegan a China buscando pólvora y terminan descubriendo que la Gran Muralla no está ahí solo para frenar invasiones humanas. Detrás del muro se libra una guerra mucho más salvaje, una donde el enemigo no es un ejército convencional, sino una amenaza monstruosa que aparece cada cierto tiempo para arrasar con todo.
Zhang Yimou haciendo lo que mejor sabe
Si algo ha distinguido la carrera de Yimou es esa capacidad para volver monumental cualquier escena. No importa si se trata de una pelea, una cabalgata, una procesión o una batalla masiva: todo en sus películas tiene sentido. En La gran muralla eso se nota, porque incluso cuando la historia se pone extraña, la puesta en escena mantiene una fuerza visual muy precisa.
Y eso es más importante de lo que parece. Porque esta no es una película que la gente recuerde únicamente por su guion o por sus diálogos. Se recuerda por la sensación de estar viendo una maquinaria visual enorme, cargada de coreografías militares, armaduras vibrantes, acrobacias imposibles y secuencias de combate que se sienten como una pintura en movimiento.
No será la favorita de todos, pero sí es un espectáculo rarísimo
La gran muralla nunca fue una de esas películas que generan amor. Desde su estreno, una parte de la crítica cuestionó la historia y el equilibrio entre sus elementos occidentales y chinos. El propio Zhang Yimou llegó a reconocer después que el relato quizá no era tan fuerte como quería. Pero una cosa no cancela la otra. Aunque la película tenga sus tropiezos narrativos, como espectáculo visual sigue siendo una experiencia bien singular.
Y a veces eso basta. No todas las películas tienen que ser perfectas para valer la pena, sobre todo cuando detrás hay un director capaz de convertir una superproducción de monstruos en algo visualmente tan refinado. La gran muralla es justamente eso: una locura épica, grande, excesiva, pero firmada por un cineasta que sabe hacer belleza incluso en medio del caos.