Basada en un diario prohibido: la historia real que Hollywood tardó décadas en adaptar por miedo a la censura
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Una historia compleja y dolorosa encontró una manera incómodamente nueva de mirar algo que el cine llevaba décadas intentando procesar.

La censura siempre ha tenido una relación compleja con el cine.La última tentación de Cristo desató protestas religiosas en varios países. La masacre de Texas fue perseguida durante años por su violencia explícita y los litros de sangre en pantalla. Y Rojo amanecer en México tuvo que pelear contra el silenciamiento político antes de llegar al público. Cada una por razones distintas pero con el mismo fondo: hay historias que incomodan tanto que la industria, los gobiernos o la moral de turno prefieren mantenerlas a distancia.

Con las películas sobre el Holocausto pasa algo todavía más delicado. No solo por la brutalidad de lo que cuentan, sino por las preguntas cómo filmar el horror sin volverlo espectáculo, cómo representar lo irrepresentable sin caer en el morbo o una estética demasiado digerible. Jonathan Glazer desconfiaba de muchas películas del Holocausto y que por eso buscó otro camino para la suya.

La película que va por otro lado

Ahí entra La zona de interés, que puede verse en Prime Video. La película de 2023, escrita y dirigida por Jonathan Glazer, sigue la vida doméstica de Rudolf Höss, comandante de Auschwitz, y de su esposa Hedwig, mientras intentan construir una existencia casi idílica en una casa con jardín pegada al campo de concentración.

Lo más inquietante es justo la normalidad. Mientras del otro lado del muro ocurre el exterminio, dentro de la casa hay flores, juegos infantiles, conversaciones triviales y planes familiares. El director decidió cambiar por completo la experiencia de la película, incorporando elementos reales de la vida de Höss y su familia para mostrar cómo convivían con Auschwitz como si fuera parte de una cotidianidad perfectamente aceptable.

No viene de un diario, pero sí de una verdad igual de incómoda

La historia no tuvo origen en un diario como tal pero pareciera que sí. Glazer tomó como punto de partida la novela de Martin Amis y luego se fue mucho más cerca de los archivos y de la historia real. La película está basada de forma libre en "The Zone of Interest", publicada en 2014, pero el director se alejó bastante del libro para construir algo más seco, documental y mucho más pegado a la vida real de los Höss.

Por eso no se parece a casi ninguna otra película sobre el Holocausto. Glazer no la filmó como un thriller histórico tradicional ni como una adaptación literaria repleta de drama. Se fue por otro lado: el sonido que nunca se apaga, el humo al fondo, los disparos lejanos, la rutina de una familia que sigue comiendo, regando el jardín o acomodando la casa como si no hubiera un campo de exterminio del otro lado del muro.

El cine tardó años en encontrar la forma de contarla

Más que miedo a la censura, lo que parece haber frenado durante mucho tiempo una película así fue el miedo a la forma. Contar el Holocausto desde lo doméstico, sin convertirlo en espectáculo y sin ofrecer alivio emocional, era una apuesta dura. El propio Glazer contó que desconfiaba de muchas películas sobre el tema y que buscó una manera de enfrentarlo sin repetir los códigos que el cine ya había usado tantas veces.

Y se nota en cada decisión. La zona de interés no busca explicarte a Rudolf Höss ni convertirlo en villano de exhibición. Tampoco intenta darle a la audiencia un recorrido emocional cómodo. Lo que hace es algo bastante más escalofriante: mostrar que la barbarie también puede convivir con el jardín bien cuidado y con una familia decidida a no mirar demasiado hacia el otro lado de la pared.

Cuando La zona de interés llegó, la reacción fue inmediata. Ganó el Grand Premio en Cannes y más tarde se llevó dos premios Oscar, incluido Mejor Película Internacional. No fue sólo reconocimiento a su tema, sino a la forma tan poco complaciente en que lo abordó. Hollywood había contado muchas veces el horror nazi, pero pocas lo había filmado con la frialdad con la que el espanto no necesita ser mostrado de frente para sentirse.

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