26 años de carrera, 6 nominaciones al Oscar, pero ningún premio: una gran actriz injustamente ignorada
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Lo más probable es que eventualmente llegue al Oscar. Hollywood ama corregirse cuando la conversación ya se convirtió en queja.

Hay actores a los que uno ve y da por hecho que tienen al menos un Oscar en casa. Meryl Streep, Al Pacino, Anthony Hopkins son algunos de los nombres que ya vienen pegados a la clase de prestigio que implica una estatuilla. Son de esos casos donde el talento, la trayectoria y el premio parecen ir siempre de la mano, como si una cosa confirmara la otra.

Luego están otros casos más raros y absurdos, donde una carrera impecable, llena de grandes papeles y respeto absoluto de la industria, sigue sin traducirse en un Premio de la Academia. Durante años, ese lugar maldito lo ocupó Leonardo DiCaprio. Y aunque él terminó rompiendo la racha, hay otra actriz que sigue cargando con una injusticia parecida.

Seis nominaciones, ningún premio

Esa actriz es Amy Adams. Ella lleva 26 años de carrera en cine y televisión, ha sido nominada seis veces al Oscar y todavía no gana. Lo raro no es sólo el número, sino la clase de filmografía que ha construido: una donde casi siempre encuentra la forma de destacar, incluso cuando la película alrededor no está a su altura.

La primera nominación llegó en 2006 por Junebug, dentro de la categoría de Mejor Actriz de Reparto. Después vinieron La duda en 2009, El peleador en 2011, The Master: Todo hombre necesita un guía en 2013, Escándalo americano en 2014 (ya como Mejor Actriz) y El vicio del poder en 2019. Seis veces cerca y seis veces viendo cómo el premio terminaba en otras manos.

Una carrera demasiado sólida para seguir sin Oscar

Parte de lo más extraño del caso es que Amy Adams no es una actriz cualquiera. No tuvo un único gran éxito y luego desapareció. Su carrera ha sido constante, elegante y flexible. Puede hacer drama, comedia, sátira, cine de autor o películas más comerciales sin sentirse nunca fuera de lugar. Eso la vuelve una de esas intérpretes que parecen capaces de moverse por cualquier registro sin perder identidad.

También tiene algo que a veces juega en su contra cuando llegan los premios: no suele actuar para el Oscar. No empuja sus personajes hacia ese gran momento, ni parece obsesionada con dar la escena que luego va a llevarla a la temporada de premios. Lo suyo suele ir por su espíritu y eso la hace mejor actriz. Pero también puede volverla menos obvia frente a interpretaciones más aparatosas.

El caso de Amy Adams empieza a sentirse como una de esas deudas raras de la Academia. No porque el Oscar tenga que repartirse por antigüedad, sino porque cuesta trabajo pensar en muchas actrices contemporáneas con tanto rango, constancia y credibilidad, que sigan sin ese reconocimiento. A estas alturas, el dato ya no sorprende, sino que irrita.

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